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8 ene 2026

El rey que buscaba atrapar la paz. Cuento, reflexión y propuesta.


*Entrada reeditada

BUSCANDO LA PAZ PERFECTA...
(Cuento popular de autoría anónima, adaptado por diversos autores como Jorge Bucay)

Había una vez un rey que ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta. Muchos artistas lo intentaron.

El rey observó y admiró todas las pinturas, pero solamente había dos que a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas.

La primera era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto donde se reflejaban unas plácidas montañas que lo rodeaban. Sobre éstas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos quienes miraron esta pintura pensaron que ésta reflejaba la paz perfecta.



La segunda pintura también tenía montañas. Pero éstas eran escabrosas y descubiertas. Sobre ellas había un cielo furioso del cual caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo parecía retumbar un espumoso torrente de agua. Todo esto no se revelaba para nada pacífico.




Pero cuando el rey observó cuidadosamente, él miró tras la cascada un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca. En este arbusto se encontraba un nido. Allí, en medio del rugir de la violenta caída de agua estaba sentado plácidamente un pajarito en el medio de su nido...

¿Paz perfecta...?

¿Cuál crees que fue la pintura ganadora?

El Rey escogió la segunda.

¿Sabes por qué?

"Porque", explicaba el Rey, "Paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor. Paz significa que a pesar de estar en medio de todas estas cosas permanezcamos calmados dentro de nuestro corazón. Este es el verdadero significado de la paz".




Este relato nos invita a reflexionar sobre el significado de la paz.

¿Crees que existe la paz perfecta? ¿Dónde? 

 ¿Cómo habrías representado tú la paz? 

¿Crees que es lo mismo “la paz es estar en un lugar tranquilo” que “la paz es estar tranquilos en cualquier lugar”?

Esa paz que ansiamos no significa permanecer en un lugar ajeno a los problemas. Más bien, consiste en encontrar la forma de mantenernos en calma a pesar de las perturbaciones. 

La paz no está a nuestro alrededor, sino dentro de nosotros. Por eso, la paz perfecta es aquella que consigue mantenerse firme a pesar de todo lo que le rodea: debemos aprender a dominar las emociones, a encontrar su equilibrio.

Paz no es sólo no tener ningún problema, sino que cuando lo tengamos, lo podamos resolver de forma pacífica.



Propuesta para abordar en el aula:  


1) Leer el  relato  y comentarlo dentro de la clase.

2) Mostrar dos o varias pinturas en las que se presenten situaciones similares a las del texto y reflexionar conjuntamente sobre cuál es la que refleja la paz.

3) Solicitar a los estudiantes que igualmente elaboren pinturas que representen para ellos la paz perfecta. Luego se podría hacer un intercambio con las diferentes propuestas presentadas.


7 ene 2026

Los seis sabios ciegos y el elefante . Cuento y reflexión

 

Este cuento popular de la India nos ayuda a reflexionar sobre la verdadera naturaleza de las cosas. ¿Podemos estar seguros de que todo es como nos parece en una primera impresión? ¿Pueden estar seis sabios equivocados al mismo tiempo sobre la forma real de un elefante?


"En una ocasión había seis ancianos sabios que no gozaban del don de la vista, siendo ciegos y empleando el sentido del tacto para experimentar y conocer las diferentes realidades, seres y objetos del mundo. Ninguno de estos sabios había visto jamás un elefante, y tras conocer que su rey disponía de uno le solicitaron con humildad poder conocerlo. El monarca decidió concederles su petición y los llevó ante el paquidermo, permitiendo que los ancianos se acercaran y lo tocaran.

Los sabios se aproximaron al animal y, uno por uno, tocaron al elefante con el fin de saber cómo era dicho ser.

El primero le tocó un colmillo, y consideró que el elefante era liso y agudo cual lanza. 

El segundo sabio se aproximó y tocó la cola del elefante, respondiendo que en realidad era más bien como una cuerda. 

El tercero entraría en contacto con la trompa, refiriendo que el animal se parecía más a una serpiente.

 El cuarto indicaría que los demás debían estar errando, ya que tras tocar la rodilla del elefante llegó a la conclusión de que se trataba de algo semejante a un árbol. 

El quinto lo desmintió al tocar la oreja del ser, valorando que se parecía a un abanico. 

Por último el sexto sabio llegó a la conclusión de que en realidad el elefante era como una fuerte pared rugosa, al haber tocar su lomo.

Tras haber llegado a distintas conclusiones, los sabios empezaron a discutir respecto a quién poseía la verdad. Dado que todos defendían sus posiciones con ahínco, recurrieron a la ayuda de un séptimo sabio el cual podía ver. Este les hizo ver que en realidad todos ellos tenían parte de la razón, dado que habían estado describiendo una única parte del conjunto del animal, a la vez que aún sin equivocarse ninguno de ellos había podido conocerlo en su totalidad".


Esta historia nos habla de la necesidad de tener en cuenta que nuestro punto de vista no es el único que existe sobre la realidad: las opiniones, creencias o conocimientos de otras personas pueden ser tan válidas y verdaderas como las nuestras, sin necesidad de que ninguno esté equivocado.

Los seis sabios ciegos y el elefante es  una parábola  muy antigua,  que ha sido transmitida por diversas tradiciones religiosas y filosóficas, incluyendo el budismo, el hinduismo y el jainismo. A lo largo del tiempo, se ha usado para mostrar la relatividad de la verdad, la falta de objetividad y la importancia de la comunicación y el respeto por diferentes perspectivas, especialmente en contextos de conocimiento limitado.

Varios autores han adaptado o popularizado esta parábola, entre ellos Rumi,  sufí persa del siglo XIII. 

En la actualidad, existen múltiples adaptaciones infantiles y pedagógicas como la que compartimos a continuación:

https://youtu.be/iKEkwMR8cFQ?si=UVjAhTcuJtp3YtlL


Otros cuentos para reflexionar:







👉Ubuntu



4 ene 2026

El elefante encadenado. Cuento y reflexión


 ¿Alguna vez has sentido que no podías conseguir algo y ni siquiera lo has intentado una sola vez o tras haberlo intentado una y otra vez dándote por vencido? ¿Lo volviste a intentar más tarde, en otras circunstancias? ¿Cuál fue tu resultado? 

Muchas veces  cargamos inconscientemente, las ataduras, que nos limitan psicológicamente, que nos imprimieron en el alma, tan profundamente, desde que éramos pequeños, y que malograron nuestra autoestima y confianza, en nuestras posibilidades.

 Si de pequeño te van enseñando que no eres capaz de hacer una determinada cosa, al final estarás convencido de que no puedes hacerlo y ni siquiera te molestarás en intentarlo.

Aquí tenemos un breve cuento de Jorge Bucay, que se ha convertido en un clásico, y nos habla de todo esto.

El elefante encadenado

Cuando yo era pequeño me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. Me llamaba especialmente la atención el elefante que, como más tarde supe, era también el animal preferido por casi todos los  niños. Durante la función, la enorme bestia hacía gala de un peso, un tamaño y una fuerza descomunales... Pero después de su actuación y hasta poco antes de volver al escenario, el elefante siempre permanecía atado a una pequeña estaca clavada en el suelo con una cadena que aprisionaba una de sus patas. Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en el suelo. Y, aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que un animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su fuerza, podría liberarse con facilidad de la estaca y huir. El misterio sigue pareciéndome evidente. ¿Qué lo sujeta? ¿Por qué no huye? 

Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los mayores. Pregunté entonces a un maestro, un padre o un tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: «Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan?». No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo, olvidé el misterio del elefante y la estaca, y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho esa pregunta alguna vez. 

Hace algunos años, descubrí , por suerte para mí,  que alguien había sido lo suficientemente sabio como para encontrar la respuesta:

«El elefante del circo no  escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy pequeño».

Cerré los ojos e imaginé al indefenso elefante recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que, en aquel momento, el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y, a pesar de sus esfuerzos, no lo consiguió, porque aquella estaca era realmente demasiado dura para él. Imaginé que se dormía agotado y que al día siguiente lo volvía a intentar, y al otro día, y al otro... Hasta que, un día, un día terrible para su historia futura, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. 

Ese elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa porque, pobre, cree que NO PUEDE.  Tiene grabado el recuerdo de la impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese recuerdo. Jamás, jamás intentó volver a poner a prueba su fuerza... 

Todos somos un poco como el elefante del circo: vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad. Vivimos pensando que «no podemos» hacer montones de cosas, simplemente porque una vez, hace tiempo, cuando éramos pequeños, lo intentamos y no lo conseguimos. Hicimos entonces lo mismo del elefante, y grabamos en nuestra memoria este mensaje: No puedo, no puedo y nunca podré. Hemos crecido llevando ese mensaje que nos impusimos a nosotros mismos y por eso nunca más volvimos a intentar liberarnos de la estaca. Cuando, a veces, sentimos los grilletes y hacemos sonar las cadenas, miramos de reojo la estaca y pensamos: No puedo y nunca podré. 

Cuentos para pensar de Jorge Bucay.

Aquí el propio autor lo cuenta:


En este otro video una lectura caracterizada del cuento de Jorge Bucay con ilustraciones de Gusti destinada a niños  de 6 a 8 años:


Otros cuentos para reflexionar:







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4 may 2024

Un nudo en la sábana. Cuento y reflexión para las familias.


En la reunión de padres de familia de una escuela, la directora resaltaba el apoyo que los padres deben darle a los hijos. Ella entendía que aunque la mayoría de los padres de la comunidad eran trabajadores, debían encontrar un poco de tiempo para dedicar y pasar con los niños.

Sin embargo, la directora se sorprendió cuando uno de los padres se levantó y explicó, que él no tenía tiempo de hablar con su hijo durante la semana. Cuando salía para trabajar era muy temprano y su hijo todavía estaba durmiendo y cuando regresaba del trabajo era muy tarde y el niño ya estaba acostado.

 Explicó además, que tenía que trabajar de esa forma para proveer el sustento de la familia. Dijo también que el no tener tiempo para su hijo lo angustiaba mucho e intentaba reemplazar esa falta dándole un beso todas las noches cuando llegaba a su casa y para que su hijo supiera que él le había ido a ver mientras dormía, hacía un nudo en la punta de la sábana.
Cuando mi hijo despierta y ve el nudo, sabe que su papá ha estado allí y lo ha besado. El nudo es el medio de comunicación entre nosotros.

La directora se emocionó con aquella singular historia y se sorprendió aún más cuando comprobó que el hijo de aquel hombre era uno de los mejores alumnos de la escuela.

 Este hecho nos hace reflexionar sobre las muchas formas en que las personas pueden hacerse presentes y comunicarse con otros. Aquél padre encontró su forma, una forma simple pero eficiente. Y lo más importante es que su hijo percibía a través del nudo, todo el afecto de su papá.

Algunas veces nos preocupamos tanto con la forma de decir las cosas que olvidamos lo principal que es la comunicación a través del sentimiento. Simples detalles como un beso y un nudo en la punta de una sábana, significaban para aquél hijo, muchísimo más que un montón de regalos o disculpas vacías.

Es válido que nos preocupemos por las personas, pero lo más importante es que ellas sepan y puedan sentir nuestra preocupación y cariño por ellas. Para que exista la comunicación, es necesario que las personas “escuchen” el lenguaje de nuestro corazón, ya que los sentimientos siempre hablan más alto que las palabras.
Es por ese motivo que un beso, revestido del más puro afecto, cura el dolor de cabeza, el golpe de la rodilla o el miedo a la oscuridad.
Las personas tal vez no entiendan el significado de muchas palabras, pero saben distinguir un gesto de afecto y amor, aunque ese gesto sea solamente un nudo en la sábana. Un nudo cargado de afecto, ternura y amor.

“Vive de tal manera que cuando tus hijos piensen en justicia, cariño, amor e integridad, piensen en ti”

Desconozco su autor



Otros cuentos para reflexionar:







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2 sept 2021

Vídeo cuento "El manzano que quería ser estrella"


Hace tiempo llegó a mis manos esta hermosa historia que publiqué en esta otra entrada:

El manzano que quería ser estrella. Cuento con valores

 (Lamento no haber podido dar con su autor , en Internet circulan múltiples versiones y adaptaciones)

Lo cierto es que "El manzano que quería ser estrella", además de dejarnos un mensaje para reflexionar —entre otros temas— sobre la autoestima ,  resulta  un recurso interesante para invitar a los niños a  descubrir las estrellas que habitan en el interior de las manzanas.

Hoy la vuelvo a compartir en formato video y en dos versiones: con texto y con audio.

El manzano que quería ser estrella(versión con texto)


El manzano que quería ser estrella(versión con audio)


Espero que les resulte útil y no olviden su mensaje:





28 ene 2020

La Marca del Ángel. Cuento sufí



Dice un antiguo cuento sufí que cuando un niño está en el seno de su madre tiene todo el conocimiento del mundo. 
Sabe cuántas estrellas hay en el firmamento, cuántas gotas hay en el mar y cuántos granos de arena en el desierto. 
Conoce los misterios del cielo y las estrellas, y conoce hasta la última letra de la Torah. 
No hay misterio sobre la faz de la tierra que desconozca, ni misterio en el cielo o en el mar que no pueda resolver.  
Pero cuando está a punto de nacer, su ángel de la guarda baja del cielo y colocando un dedo sobre sus labios sella todo su conocimiento dentro de él, y le susurra una sola palabra...“APRENDE” 
(Es la marquita que todos tenemos arriba del labio en el centro)

Dentro de la tradición islámica, el sufismo creó una gran cantidad de relatos que transmiten su visión del mundo.

“En todos estos cuentos se utiliza la parábola, que es una breve comparación basada en una experiencia cotidiana de la vida, cuyo fin es enseñar una verdad espiritual" –Carlos Martínez Bouquet.

Los cuentos se perciben con el corazón y no con la mente, no se trata de descifrar su significado, sino más bien de permitir que se produzca su efecto sutil cuando los leemos.

Utilizados por las culturas de todo el mundo, son una forma natural de transmitir, mensajes y conocimientos.

Otro cuento sufí:

12 dic 2016

Arreglar el mundo. Cuento para reflexionar.


¿Creemos que es posible mejorar —aunque sea un poco— el mundo, el país, la ciudad, el barrio en el que vivimos? ¿De qué manera?
No debemos perder la esperanza de intentar cambiar el mundo en que vivimos, con la convicción de que, aun cuando se nos tilde de ilusos o soñadores, es posible intentarlo, más allá de lo poco o mucho que podamos hacer y de que no estén a nuestro alcance todas las herramientas necesarias para poder lograrlo.
Este relato que nos propone el autor chileno Cristian Urzúa Pérez, seguramente, nos ayudará a repensar el tema y volver a enfocar nuestra reflexión personal y grupal sobre estos deseos que parecen tan quiméricos:

Un científico vivía preocupado por los problemas del mundo y estaba resuelto a encontrar los medios para aminorarlos. Pasaba días y días en busca de respuestas a sus dudas.

Cierto día, su hijo Benjamín, de tan solo seis años, invadió su laboratorio decidido a ayudarlo a trabajar. El científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar a otro lado. Pero, viendo que era imposible sacarlo del laboratorio, el padre pensó en algo que pudiese entretenerle, con el objetivo de distraer su atención.

De repente, se encontró con una revista, en donde había un mapa del mundo. Con unas tijeras recortó el mapa en varios pedazos y junto con un rollo de cinta engomada se lo entregó a su hijo. Luego le dijo:

—Benjamín, como te gusta armar rompecabezas, te voy a dar el mundo hecho pedazos, para que lo repares tú solo sin ayuda de nadie.

Calculó que a su pequeño hijo le llevaría varios días recomponer el mapa destrozado, pero no fue así. Pasadas algunas horas, escuchó la voz del niño que lo llamaba con entusiasmo: —¡Papá, ya lo armé!

Al principio, el padre no creyó que su hijo hubiera terminado la tarea. Pensó que sería imposible que a su edad lograra recomponer un mapa que jamás había visto antes.

Desconfiado, el científico detuvo lo que estaba haciendo y levantó la vista de sus anotaciones, con la certeza de que vería algo digno de un niño. Para su sorpresa, el mapa estaba completo. Todos los pedazos habían sido colocados en su debido lugar.

¿Cómo es que el niño había sido capaz de hacerlo? Entonces, cariñosamente, le preguntó: —Hijo, tú no sabías cómo era el mundo, ¿cómo lo lograste?

—Papá, yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo vi que del otro lado estaba la figura de un hombre. Di vuelta los recortes y comencé a recomponer al hombre, que sí conocía y sabía cómo era. Cuando conseguí arreglar al hombre, di vuelta la hoja y vi que había arreglado el mundo.

Cristian Urzúa Pérez, Historias para crecer como padres, San Pablo Chile, 2010


➽Para la reflexión personal y grupal:


-¿Qué enseñanza nos deja el desenlace de esta historia? ¿De qué modo interpretamos la resolución que el niño encuentra al desafío que le ha planteado su padre? ¿Consideramos que, más allá de la inocencia propia de su niñez, actuó sabiamente?

-¿Coincidimos con la moraleja del cuento, de que para poder arreglar los problemas del mundo, es necesario, primero, recomponer al hombre? ¿Por qué?

-¿Creemos que es posible mejorar —aunque sea un poco— el mundo, el país, la ciudad, el barrio en el que vivimos? ¿De qué manera y a través de qué medios estamos seguros de que lo lograremos?

-¿Nos sentimos utópicos, ilusos, soñadores ante quienes opinan totalmente lo contrario y reprueban nuestros criterios? ¿Alguna vez nos hemos sentido cuestionados o perseguidos por pensar que aún es posible mejorar nuestro mundo, nuestra Iglesia, nuestra comunidad, etc.? ¿Cuál es nuestra respuesta ante esto?

-¿De qué modo solemos reaccionar frente a las trágicas noticias del mundo actual, suministradas por los medios de comunicación? ¿Preferimos desistir de la lucha y dar lugar al desánimo? ¿O, por el contrario, nos fortalecemos convencidos de que, a pesar de las pocas herramientas que tenemos, vale la pena intentarlo?

 -Para cerrar esta reflexión, propongámonos alguna iniciativa personal o grupal para  poner en práctica en los próximos días.


"No tenemos en nuestras manos las soluciones para los problemas del mundo.
Pero, frente a los problemas del mundo, tenemos nuestras manos".
Mamerto Menapace

Fuente:
http://www.sanpablo.com.ar/rol/nota.php?id=4193


Otros cuentos para reflexionar:

La pequeña luciérnaga

La caja vacía

El corcho

La flor roja

Las estrellas de mar

La camisa del hombre feliz

Ubuntu





26 ene 2016

La caja vacía. Cuento para padres .

 Hace ya algún tiempo un hombre castigó a su pequeña hija de tres años por desperdiciar un rollo de papel dorado para envoltura. El dinero le era escaso en esos días, por lo que explotó en furia cuando vio a la niña tratando de envolver una caja. 

A la mañana siguiente, la niña regaló a su padre la caja envuelta y le dijo: “Esto es para ti, papito”. Él se sintió avergonzado, pero cuando abrió la caja y la encontró vacía, otra vez gritó con ira: “¿acaso no sabes que cuando se le da un regalo a alguien se supone que tiene que haber algo dentro?” 

La pequeña volteó hacia arriba el rostro y con lágrimas en los ojos dijo: “¡Oh, papito, no está vacía! Yo soplé un montón de besos dentro de esa caja y todos son para ti”. 

El padre se sintió morir, rodeó con sus brazos su pequeña  hija y le suplicó que lo perdonara. 

Dicen que el hombre guardó esa caja dorada cerca de su cama por años y que siempre que se sentía derrumbado, tomaba de ella un beso y recordaba el amor que su hija había depositado ahí. 

De alguna forma cada uno de nosotros hemos recibido alguna caja llena de amor incondicional y de besos de nuestros hijos, amigos, familia...

Nadie poseerá jamás un propiedad más grande.

Autor desconocido. 

Las personas adultas nos hemos olvidado del mundo infantil, de sus particularidades, de nuestros propios sentimientos de la infancia.

No reparamos que cada ser humano tiene formas creativas de actuar que muchas veces no comprendemos. Y cuando algo nos molesta lo desaprobamos  sin intentar entender ni reflexionar.

¿Cuántas veces reprendemos a las niñas y niños, o a otras personas, antes de detenernos a averiguar con serenidad cuáles fueron sus intenciones, sentimientos y pensamientos?

Quizás los niños saben mejor que los adultos el verdadero valor de las cosas y no su precio...Ya lo dijo el Principito : " Lo esencial es invisible a los ojos".

Otros relatos para reflexionar





11 ene 2016

La camisa del hombre feliz. Cuento y propuestas para trabajar emociones.

Ilustración: Jaimegrafick


“La camisa del hombre feliz”. 


Cuento tradicional ruso recogido por León Tolstói (1828-1910). 

Un rey que estaba siempre sumido en la tristeza dijo: 
- ¡Daré la mitad de mi reino a quien me cure! 
Entonces todos los sabios se reunieron y celebraron una junta para sanar al rey, pero no encontraron ningún remedio. Uno de ellos, sin embargo, declaró que sí era posible curar al rey. 
-Si sobre la tierra se encuentra un hombre feliz -dijo-, quitadle la camisa y que se la ponga el rey. Con esto estará curado. 
El rey hizo buscar en su reino un hombre feliz. Los enviados del soberano exploraron todo el país, pero no pudieron descubrir a un hombre feliz. No encontraron a nadie contento con su suerte. Uno era rico, pero estaba enfermo; otro gozaba de salud, pero era pobre; el que era rico y sano se quejaba de su mujer; otro de sus hijos. Todos deseaban algo.  
Una noche, el hijo del rey, al pasar por una pobre choza, oyó que alguien exclamaba: 
-¡Gracias a Dios he trabajado y he comido bien! ¿Qué me falta? 
El hijo del rey se sintió lleno de alegría. Inmediatamente mandó que le llevaran la camisa de aquel hombre, a quien a cambio se le entregaría cuanto dinero exigiera.  
Los enviados se presentaron a toda prisa en la casa de aquel hombre para quitarle la camisa. Pero el hombre feliz era tan pobre que no tenía camisa. 

 

Esta historia nos lleva a pensar  que la felicidad no depende de las posesiones materiales, los títulos o la riqueza, sino de un estado mental y la paz interior. es un llamado a reflexionar sobre la “búsqueda” de la felicidad.

Ciertamente el gran mensaje se encuentra, en dejar de buscar la felicidad como si de un objeto o lugar se tratase, sino más bien pensar que la felicidad es una actitud que podemos aprender, creando el hábito de enfocar la atención en los sucesos felices, al menos en la misma proporción que solemos hacerlo en los sucesos no felices.



Desde el siguiente link se puede bajar el cuento en PDF

 

CÓMO TRABAJAR EMOCIONES A PARTIR DEL CUENTO

Desde el punto de vista lingüístico, el cuento lo utilizamos fundamentalmente para desarrollar la comprensión y la expresión, el aprendizaje de nuevo vocabulario y la utilización del diálogo como medio de intercambio comunicativo. Por otra parte el lenguaje es el mejor medio de expresión para extraer y transmitir los valores y emociones que encierra este relato identificando situaciones que nos pueden producir tristeza y también la emoción contraria, en este caso, la alegría. 

 Entre las actividades sugeridas podemos destacar:

• Diálogos sobre el cuento: el niño/a dialogará con la maestra/o y otros niños/as y se expresará libremente sobre el cuento, argumento, personajes,etc. Qué sentimientos y emociones le sugiere.

 A través  de diversas técnicas como las de Rodari, estimular la creatividad e imaginación como por ejemplo:
  • Equivocar historias: se trata de cambiar personajes situaciones de la historia.
  • Imagínate que el rey es feliz porque conoce a la bella durmiente.
  • Imagínate que no encuentran al hombre de la camisa de la alegría.
  • Imagínate y describe la familia del rey.
  • Imagínate y describe la casa del hombre de la camisa feliz.
  • Que pasaría sí no encontraran la camisa del hombre feliz.
  • ¿Qué harías si fueses el rey? ¿Qué harías si fueses el hombre de la camisa feliz?
  • Cuento al revés. Vamos a contar un cuento donde el rey es feliz, porque tiene la camisa de la alegría y es un aldeano el que no es feliz.
- Actividades de investigación´
  • Pensar cómo ponemos la cara  cuando estamos tristes o contentos, describir postura  del cuerpo,de los ojos, boca, si se sonrojan las mejillas, si hay o no lágrimas.
  • Observar fotos de personas alegres y tristes. Los niños identifican cómo se siente esa persona, y realizan hipótesis de porqué se sentirán así.
  •  Preguntar a los niños cuándo se sienten felices y cuándo se sienten tristes.
Elaborar un listado:
Me siento feliz cuando...
Me siento triste cuando...
  • Preguntar qué hacen cuando se sienten tristes o alegres, cómo reaccionan por ejemplo:
Cuando estoy triste: lloro, me quedo solo, me abrazo a mi peluche preferido, se lo cuento a mamá/papá
Cuando estos alegre: salto, me río, se lo cuento a otros.
-Actividades de expresión
  • Dibujar  caras que representen esas dos emociones . Previamente se puede ensayar en un espejo caras de tristeza o alegría, hacerles observar la postura de la boca, de los ojos. 
  • También se les pueden sacar fotos a los niños poniendo caras alegres o tristes.
  • Jugar a ponerle colores y otras cualidades a la alegría y la tristeza
¿De qué color imaginamos la alegría? ¿a qué huele? ¿que gusto y textura tiene?
¿Y la tristeza?
Proponer dibujarlas.
-Actividades en las que participe la familia.
  • Elaborar un libro viajero con el “La camisa del hombre feliz” e invitar a las familias a que dibujen su propia camisa de la felicidad ( incorporando colores, inscripciones, estampas, que representen la alegría)  
  • Elaborar el libro viajero de la alegría: en donde los padres redactarán situaciones en donde sus hijos  y/o familias se han sentido felices.

Fuentes consultadas:
https://emocionateconellos.wordpress.com/
Revista digital ENFOQUES EDUCATIVOS Nº 13 1/05/2008

Otros cuentos para reflexionar:


8 jul 2014

Cuento para reflexionar: La mariposa y el hombre.


A veces,  como educadores o padres, en el afán de ayudar al crecimiento de nuestros niños los estamos perjudicando más que haciéndole un bien. Aunque pongamos nuestra mejor intención en ayudar, si empujamos demasiado, interferimos en el proceso de aprendizaje de la persona. Es como si queremos aprender a dibujar, y el profesor, en vez dejarnos expresar libremente y ensayar, nos hiciera el dibujo por nosotros.
Este relato puede ayudarnos a reflexionar este aspecto:

Un hombre encontró el capullo de una mariposa y se lo llevó a casa para poder verla cuando saliera de él. Un día, vio que había un pequeño orificio, y entonces se sentó a observar por varias horas, viendo que la mariposa luchaba por poder salir del capullo.

El hombre observó que forcejeaba duramente para poder pasar su cuerpo a través del pequeño orificio en el capullo, hasta que llegó un momento en el que pareció haber cesado la lucha, pues aparentemente no progresaba en su intento. Semejaba que se había atascado.Entonces el hombre, en su bondad, decidió ayudar a la mariposa y con una pequeña tijera cortó al lado del orificio del capullo para hacerlo más grande y de esta manera por fin la mariposa pudo salir. 

Sin embargo, al salir, tenía el cuerpo muy hinchado y unas alas pequeñas y dobladas. 

El hombre continuó observando, pues esperaba que en cualquier instante las alas se desdoblarían y crecerían lo suficiente para soportar al cuerpo, el cual se contraería al reducir lo hinchado que estaba. Ninguna de las dos situaciones sucedieron y la mariposa solamente podía arrastrarse en círculos con su cuerpecito hinchado y sus alas dobladas… Nunca pudo llegar a volar. 
Lo que el hombre, en su bondad y apuro no entendió, fue que la restricción de la apertura del capullo, y la lucha requerida por la mariposa para salir por el diminuto agujero, era la forma en que la naturaleza forzaba fluidos del cuerpo de la mariposa hacia sus alas, para que estuviesen grandes y fuertes y luego pudiese volar. 
Extraido del libro: "Aplicate el cuento" de Jaume Soler y M. Mercé Conangla.
Los procesos de crecimiento y aprendizaje tienen un ritmo diferente en cada persona. En vez de empujar y forzarlos sería mejor acompañar a los niños y dejar que vivan su propia experiencia.

Otros relatos para reflexionar:

12 dic 2013

Un cuento para padres y maestros: La pequeña luciérnaga


En un bosque de Tailandia vivía una numerosa familia de luciérnagas. Su casa era el tronco de un enorme árbol lampati, el más viejo de todo el país. Por la noche las luciérnagas salían del árbol para iluminar la noche con su tenue luz, parecían pequeñas estrellas danzantes. Jugaban entre ellas y creaban figuras en el aire, los pocos que podían ver ése espectáculo por algún casual quedaban anonadados ante tal despliegue de belleza y luces. 
Pero no todas las luciérnagas estaban contentas, una de ellas, la más pequeña, se negaba a salir del lampati para volar. Se quería quedar en casa día tras día y pese a que toda su familia la intentaba convencer, ella no quería le dijesen lo que dijesen. 
 Toda su familia se la miraba preocupada, sobre todo sus padres:
- ¿Por qué nuestra hija no vuela con nosotros? Me gustaría que volara con nosotros y no se quedara en casa – decía su madre.
- Tranquila, verás como dentro de poco se le pasa y volará con nosotros – la calmaba su padre.
 
Pero pasaron  los días y la pequeña luciérnaga seguía sin querer salir del árbol lampati.
Una noche, con todas las luciérnagas poblando el cielo nocturno del bosque, su abuela se quedó en el árbol para hablar  con ella. Con su delicada voz le dijo a su nieta:
- ¿Qué te pasa, mi niña? Nos tienes preocupados a todos, ¿Por qué no sales con nosotros por la noche a divertirte volando?
- No me gusta volar – respondió tajante la pequeña
- Somos luciérnagas, es lo que hacemos mejor. ¿No quieres volar mostrando tu luz e iluminando la noche? – le insistió la abuela.
- La verdad es que… Lo que me pasa es que… – comenzó a explicar la pequeña – Tengo vergüenza. No tiene sentido que ilumine nada si la luna ya lo hace. No me podré comparar nunca ella, soy una chispa diminuta a su lado.
 
Su abuela la miraba con ojos enternecidos escuchándola atentamente, cuando su nieta hubo acabado la consoló con una sonrisa que la tranquilizó:
- Niña mía, si salieras con nosotros verías algo que te sorprendería. Hay cosas de la luna que aún no sabes…
- ¿Qué es lo que no sé de la luna que todos sabéis? – preguntó la luciérnaga pequeña con curiosidad.
 
- Pues que la luna no siempre brilla de la misma forma. Depende de la noche brilla entera o la mitad. Incluso hay días que sólo brilla una pequeña parte o se esconde y nos deja todo el trabajo a nosotras las luciérnagas. 
- ¿De veras? ¿Hay días que no sale? – preguntó la pequeña con la boca abierta por la sorpresa.
- Te lo prometo querida nieta – le siguió explicando -.  La luna cambia constantemente.
 
Hay veces que crece y otras que se hace pequeña. Hay noches en que es enorme, de color rojo, y otros días en que se hace invisible y desaparece entre las sombras o detrás de las nubes. En cambio tú, pequeña luciérnaga, siempre brillarás con la misma fuerza y siempre lo harás con tu propia luz. 
Y ésa misma noche, la pequeña luciérnaga salió convencida del lampati con toda su familia a iluminar la noche mientras miraba la luna con una sonrisa de oreja a oreja.

Un buen mensaje que como maestros o padres deberíamos darle a los niños:

"Brilla con tu luz. Ve por la vida con paso firme, cree en tus propias ideas, instinto y sensaciones. Escucha los consejos de los demás, pero arriésgate a tomar tu propio camino".

¡¡¡Que cada uno de nosotros pueda brillar con su luz propia!!!


16 ene 2013

El corcho. Un cuento de Enrique Mariscal



Hace años, un supervisor visitó una escuela primaria. En su recorrida observó algo que le llamó poderosamente la atención: una maestra estaba atrincherada atrás de su escritorio, los alumnos hacían gran desorden; el cuadro era caótico.

Decidió presentarse:

- "Permiso, soy el supervisor de turno... ¿algún problema?"
- "Estoy abrumada señor, no se qué hacer con estos chicos... No tengo láminas, el Ministerio no me manda material didáctico, no tengo nada nuevo que mostrarles ni qué decirles..."

El supervisor, que era un docente de alma, vio un corcho en el desordenado escritorio. Lo tomó y con aplomo se dirigió a los chicos:
- "¿Qué es esto?"
- "Un corcho señor"... gritaron los alumnos sorprendidos.
- "Bien, ¿De dónde sale el corcho?"
- "De la botella señor. Lo coloca una máquina...", "del alcornoque, de un árbol .... "de la madera...", respondían animosos los niños.
- "¿Y qué se puede hacer con madera?", continuaba entusiasta el docente.
- "Sillas...", "una mesa...", "un barco..."
- "Bien, tenemos un barco. ¿Quién lo dibuja? ¿Quién hace un mapa en el pizarrón y coloca el puerto más cercano para nuestro barquito? Escriban a qué provincia argentina pertenece. ¿Y cuál es el otro puerto más cercano? ¿A qué país corresponde? ¿Qué poeta conocen que allí nació? ¿Qué produce esta región? ¿Alguien recuerda una canción de este lugar?"

Y comenzó una tarea de geografía, de historia, de música, economía, literatura, religión, etc.

La maestra quedó impresionada. Al terminar la clase le dijo conmovida:
- "Señor, nunca olvidaré lo que me enseñó hoy. Muchas Gracias".

Pasó el tiempo. El supervisor volvió a la escuela y buscó a la maestra. Estaba acurrucada atrás de su escritorio, los alumnos otra vez en total desorden...

- "Señorita...¿Qué pasó? ¿No se acuerda de mí?"
- "Sí señor, ¡cómo olvidarme! Qué suerte que regresó. No encuentro el corcho ¿Dónde lo dejó?"

Enrique Mariscal. “Cuentos para regalar a personas inteligentes”

Enrique Mariscal. Graduado en Filosofía, en Ciencias de la Educación y en Psicología, es especialista en Planificación de Recursos Humanos (Unesco/Cepal) .Director de la Dirección de Carrera y Formación Docente de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, y al mismo tiempo es consultor de Educación Médica de la OMS (Naciones Unidas).


19 ene 2010

El corcho.Cuento para reflexionar con los docentes.


Hace años, un supervisor visitó una escuela primaria. En su recorrida observó algo que le llamó poderosamente la atención: una maestra estaba atrincherada atrás de su escritorio, los alumnos hacían gran desorden; el cuadro era caótico.

Decidió presentarse:

- "Permiso, soy el supervisor de turno... ¿algún problema?"
- "Estoy abrumada señor, no se qué hacer con estos chicos... No tengo láminas, el Ministerio no me manda material didáctico, no tengo nada nuevo que mostrarles ni qué decirles..."

El supervisor, que era un docente de alma, vio un corcho en el desordenado escritorio. Lo tomó y con aplomo se dirigió a los chicos:
- "¿Qué es esto?"
- "Un corcho señor"... gritaron los alumnos sorprendidos.
- "Bien, ¿De dónde sale el corcho?"
- "De la botella señor. Lo coloca una máquina...", "del alcornoque, de un árbol .... "de la madera...", respondían animosos los niños.
- "¿Y qué se puede hacer con madera?", continuaba entusiasta el docente.
- "Sillas...", "una mesa...", "un barco..."
- "Bien, tenemos un barco. ¿Quién lo dibuja? ¿Quién hace un mapa en el pizarrón y coloca el puerto más cercano para nuestro barquito? Escriban a qué provincia argentina pertenece. ¿Y cuál es el otro puerto más cercano? ¿A qué país corresponde? ¿Qué poeta conocen que allí nació? ¿Qué produce esta región? ¿Alguien recuerda una canción de este lugar?"

Y comenzó una tarea de geografía, de historia, de música, economía, literatura, religión, etc.

La maestra quedó impresionada. Al terminar la clase le dijo conmovida:
- "Señor, nunca olvidaré lo que me enseñó hoy. Muchas Gracias".

Pasó el tiempo. El supervisor volvió a la escuela y buscó a la maestra. Estaba acurrucada atrás de su escritorio, los alumnos otra vez en total desorden...

- "Señorita...¿Qué pasó? ¿No se acuerda de mí?"
- "Sí señor, ¡cómo olvidarme! Qué suerte que regresó. No encuentro el corcho ¿Dónde lo dejó?"

Enrique Mariscal (*) “Cuentos para regalar a personas inteligentes”

La actitud creativa termina con los lamentos y las excusas. Es calidad de percepción, acción inteligente que nos permite superar los conflictos con la riqueza de alternativas que nos ofrece cada situación.

La creatividad despierta el poder que duerme en nuestra imaginación; es osadía, aventura para descubrir y aprender de los cambios; es respuesta hábil, no impotencia explicada o reclamo por lo que nos falta.

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(*)Enrique Mariscal. Graduado en Filosofía, en Ciencias de la Educación y en Psicología, es especialista en Planificación de Recursos Humanos (Unesco/Cepal). Director de la Dirección de Carrera y Formación Docente de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, y al mismo tiempo es consultor de Educación Médica de la OMS (Naciones Unidas).


Y aquí les dejo otras ideas para hacer con un corcho:


Si quieren ver más no duden en visitar esta creativa página: Fem manuals, dedicada a las actividades plásticas para niños .

 

18 ene 2010

El cuento de la flor roja con el tallo verde




Una vez un niño pequeño fue a la escuela. Era bastante pequeño y era una escuela bastante grande. Pero cuando el niño pequeño descubrió que podía entrar a su salón desde la puerta que daba al exterior, estuvo feliz y la escuela ya no parecía tan grande. 

Una mañana, luego de haber estado un tiempo en la escuela, la maestra dijo: “Hoy vamos a hacer un dibujo”. 

¡Qué bueno!, pensó el pequeño. Le gustaba hacer dibujos. Podía hacerlos de todas clases: leones y tiburones, pollos y vacas, trenes y barcos; y sacó su caja de crayones y empezó a dibujar. 



Pero la maestra dijo: ¡Esperen!, aún no es tiempo de empezar y esperó a que todos estuvieran listos. Ahora, dijo la maestra, vamos a dibujar flores. 

¡Qué bien!, pensó el pequeño, le gustaba hacer flores y empezó a hacer unas flores muy bellas con sus crayones rosados, naranjas y azules. 

Pero la maestra dijo: ¡Esperen!, yo les enseñaré cómo. Y era roja, con el tallo verde. Ahora, dijo la maestra, ya pueden empezar. El pequeño miró la flor que había hecho la maestra, luego vio la que él había pintado, le gustaba más la suya, mas no lo dijo. Sólo volteó la hoja e hizo una flor como la de la maestra. Era roja, con tallo verde.  

Otro día, cuando el pequeño había abierto la puerta desde afuera, la maestra le dijo: “hoy vamos a hacer algo con arcilla”. 

¡Qué bien!, pensó el pequeño, le gustaba la arcilla. Podía hacer toda clase de cosas con la arcilla: empezó a estirar y revolver su bola de arcilla. 



Pero la maestra dijo: ¡Esperen, aún no es tiempo de empezar! Y esperó a que todos estuvieran listos. Ahora, dijo la maestra, vamos a hacer un plato. ¡Qué bien!, pensó el pequeño. Le gustaba hacer platos y empezó a hacer algunos de todas formas y tamaños. Entonces la maestra dijo, ¡Esperen!, yo les enseñaré cómo. Y les enseñó cómo hacer un solo plato hondo. Ahora, dijo, ya pueden empezar.  

Y muy pronto, el pequeño aprendió a esperar y a ver y a hacer cosas iguales, y muy pronto no hacía cosas de él solo.  

Luego sucedió que el niño y su familia se mudaron a otra ciudad y el pequeño tuvo que ir a otra escuela. Esta escuela era más grande que la otra y no había puerta del exterior hacia el salón. Tenía que subir grandes escalones y caminar un corredor grande para llegar a su salón.  

Y el primer día que estuvo allí, la maestra dijo: “Hoy vamos a hacer un dibujo”. 

¡Qué bien!, pensó el pequeño y esperó a que la maestra le dijera qué hacer. 

Pero la maestra no dijo nada, solo caminaba por el salón.

Cuando llegó con el niño, le dijo: “¿No quieres hacer un dibujo?”

“Sí”, contestó el niño, “¿Qué vamos a hacer?”.

No sé hasta que lo hagas, dijo la maestra.

 “¿Cómo lo hago?”, preguntó el niño. 

“Como quieras”, dijo la maestra. 

“¿Cualquier color?”, preguntó el niño. 

“Cualquier color”, dijo la maestra. “Si todos usaran los mismos colores, ¿cómo sabría yo quién hizo qué y cuál era cuál?”. 

“No sé”, contestó el niño y empezó a hacer una flor roja con un tallo verde. 


EL NIÑO PEQUEÑO
  Helen Buckley 


 Hay demasiadas flores rojas con sus respectivos tallos verdes pintadas en el fértil campo de la educación... 
No importa, siempre es buen momento para el cambio, para que la escuela se llene de nuevos aires de libertad, de autonomía responsable, de respeto e incentivo por la creatividad personal.