21 jun. 2019

21 de junio. Año nuevo de los pueblos originarios


En el hemisferio Sur los pueblos originarios ancestralmente celebran el inicio de un nuevo ciclo de vida. Tiene diferentes denominaciones según las culturas e idiomas que lo adoptaron como parte de un calendario. Así en quechua se lo conoce como Inti Raymi, en aymara como Wilka Kuti y en mapuche como We tripantü.

Las fechas varían según la rotación de la tierra, entre el 20 y 24 de junio de cada año. Coincide con el inicio del solsticio, el 21 de junio el comienzo del invierno para Occidente.

Con el solsticio de invierno en este punto, se produce un alejamiento de la tierra respecto del sol. Esa fecha marca el día más corto y la noche más larga del año. Puntualmente, para nuestros pueblos originarios, en este momento se termina el período de cosecha y comienza una nueva época de siembra.
Pero a partir de ese día las horas de luz empiezan a extenderse, y entonces se concreta el renacimiento del sol, que madurará en verano y decaerá en otoño con su paso hacia la llegada del invierno como es este el caso.

La ceremonia arranca la noche anterior al comienzo del año, las comunidades se reúnen en un lugar energético ceremonial para compartir la noche más larga del año, alrededor del fuego, compartiendo comidas, música, narraciones orales, esperando la salida de los primeros rayos de sol (fuente de vida y energía) con las manos levantadas, listos para recargar fuerzas para el ciclo que comienza.

Feliz comienzo de ciclo de vida para todo/as nosotros, feliz año para nuestros hermano/as originarios y que nuestro Inti o Antú  (Sol) nos encuentre unidos y renovados de fuerzas para seguir luchando. Jallalla.


Jallalla es una palabra quechua-aymara que une los conceptos de esperanza, festejo y bienaventuranza.
Se expresa, en este único término, la idea que nuestros sueños deben siempre ir acompañados del fuerte deseo que se concreten, elevando a la Pachamama o el Universo y trabajando intensamente para lograrlo.
Fuentes:
https://perio.unlp.edu.ar/node/6269
http://cronicasinmal.blogspot.com/2014/11/jallalla.html

20 jun. 2019

Dragoncitos a dormir. Cuento


Hace poco publicamos en Mi Sala Amarilla   el vídeo "Dragoncitos a dormir", una tierna canción de cuna que compuso Fernando Crayones ,  para los más pekes.

El vídeo de la canción  muestra imágenes de un cuento donde los dragoncitos cuentan sus  primeras aventuras.
Cómo nos había anunciado Fernando,  este es el inicio de una  serie  de  cuentos orientados a las emociones ,  donde los dragoncitos continuarán contando  sus sueños y juegos.
Un material ideal para leer a los niños antes de dormir, destinado a  niños de maternal y dos años

Ahora Fernando, nos presenta esa primera historia de la serie Dragoncitos ,  bellamente narrada e ilustrada por él.
¡Los invito a disfrutarla!


Si les gustó, pueden pasar a  conocer su nuevo canal de YouTube Dragoncitos a Dormir  y suscribirse para estar al tanto de los próximos temas .

Además no se pierdan el trailer de presentación ¡no tiene desperdicio!


16 jun. 2019

Propuesta para trabajar cuentos de princesas en el marco de la ESI


Relacionando la Educación Sexual Integral con textos literarios, podemos analizar el rol de las princesas y la posibilidad de interrogarnos acerca de este “ideal femenino” que conforma un verdadero modelo para las niñas .
El foco estará puesto en la “desprincesación”, es decir poner en cuestión la representación cultural de la princesa, en tanto estereotipo de género.

Existen textos con una mirada develadora y crítica por parte de sus autoras, que retratan a princesas rodeadas de ejércitos de sirvientes, que no actúan autónomamente, encapsuladas en castillos, alejadas del mundo real, sujetas al deseo de otros e inhabilitadas para muchas cosas, por ejemplo, jugar. 
Muchas de estas historias van tomando giros inspirados, relacionados a valores de emancipación y justicia, en ruptura con los mandatos.

La siguiente propuesta , encontrada en Mundos posibles. Libros para leer en voz alta,  parte de la lectura del cuento "Había una vez una princesa" de Graciela Montes.


En esta historia breve una princesa “muy rica” y que “tenía de todo” descubre, sin que intervenga príncipe azul ni rey padre alguno, que lo que mejor le sienta a su ánimo es ponerse a trabajar para abrigar y alimentar al pueblo entero.
Un argumento que así resumido puede sonar como un panfleto políticamente correcto, contado con las precisas palabras de Montes y los expresivos dibujos de Torres se transforma en un cuento divertido, sin sermones, con una heroína simpática (incluso algo caprichosa) y con un típico final “de nunca acabar” (¿qué nueva labor emprenderá la princesa cuando se aburra de hornear pasteles?)



Palabras y pictogramas. Especialmente apropiado para el nivel inicial.

El libro está impreso en resistente cartón plastificado e incorpora el código de los “pictocuentos” (pictografías): algunas palabras se han reemplazado por dibujos que los niños y las niñas asocian fácilmente con el término que sustituyen.

Podrán ver las primeras páginas del libro en este enlace:   https://www.loqueleo.com/ar/uploads/2016/03/habia-una-vez-una-princesa.pdf

La secuencia que proponemos para el abordaje del tema comenzaría con la lectura en voz alta del cuento, para lo cual, –se debiera aclarar desde el principio–, la “seño” requerirá ayuda.
Si el grupo no es muy numeroso se los podrá disponer en ronda para mostrarles el libro e ir señalando y exponiendo la pictografía que se debe leer continuación, escuchando las interpretaciones de los niños hasta dar con la palabra “correcta” que da sentido al relato.

Esta conversación sobre significados posibles será rica para iniciar a los niños en la lectura de imágenes, para mostrarles cómo las mismas cosas se pueden designar con distintas palabras, que no todos entendemos lo mismo cuando vemos un dibujo y, sin embargo, podemos ponernos de acuerdo en una lectura que dé un sentido común al texto.

Cuando leemos para un grupo, las pausas para la lectura de los íconos del pictocuento no deberían ser tan frecuentes, al menos no tanto como las que haríamos con único lector/a que acompañara el texto con el dedo o con su mirada.

La maestra podría ir releyendo parte del cuento, cada vez que los nenes participan, para recuperar el hilo del relato.

Para facilitar también esta experiencia más personal de lectura, una vez que el libro ha sido leído en el aula, se puede promover que los niños y niñas puedan llevarlo a su casa para compartir una relectura, esta vez con alguien de la familia.

Hay princesas y princesas

Después de leer en voz alta el cuento se puede propiciar un diálogo sobre las notorias diferencias entre la princesa que nos propone este relato y las que solemos ver en la tele y en las jugueterías.

Para eso, podemos invitar a chicos y chicas a buscar entre las ilustraciones:
  • Una princesa con la lengua afuera y muy concentrada en su trabajo.
  • Una princesa con ideas “brillantes y fogosas”.
  • Una princesa que aprende a bailar y lo hace solita hasta que se le hinchan los pies.
  • Una princesa que juega sin miedo a que en el ajetreo “se le caiga la corona”.
  • Una princesa trabajando en equipo con las planchadoras y los soldados del palacio.
  • Una princesa que descubre que hay muchas personas afuera a quienes puede ayudar con solo hacer el trabajo que le gusta.

Reconocer estos dibujos y conversar contraponiéndolos al modelo de las princesas clásicas de Disney o Barbie permitirá reconocer la intertextualidad visual: encontrar cuáles son esas imágenes previas con las cuales la ilustradora dialoga, cuestiona, imita, ridiculiza, reacciona a los esquemas más vigentes.

Las princesas tienden a aburrirse 

El gesto del lector es siempre asociativo y, si lo que buscamos desde tan temprana edad es ayudar a los niños y niñas en la construcción de su propio “camino lector”, una buena manera de conseguirlo es proponer recorridos interesantes, tal vez preguntando:

–Hay muchos cuentos con princesas aburridas. ¿Quieren que leamos algunos más?

Aquí podemos sugerir, a modo de ejemplo, la cómica Historia de una Princesa, su papá y el Príncipe Kinoto Fukasuka,de la inefable María Elena Walsh. Un cuento en el que se hace pasar la jerga jerigonza por idioma japonés y se nos muestra una orientalísima princesa Sukimuki harta de estar quietecita en el jardín “papando moscas”.
https://www.youtube.com/watch?v=AcqlTCeaoh8

También podemos saltar de allí al álbum interactivo ¿Está lista la princesa?, de Graciela Repún y Florencia Esses, de Editorial Atlántida, que cuenta con la particular estética de la talentosa ilustradora Valeria Cis.

Los múltiples cruces entre estos textos pueden dar lugar a un jugoso diálogo sobre cuestiones de género, que se podría iniciar como hasta ahora hemos sugerido, con nuevas preguntas:
–¿Por qué creen que las princesas se aburren tanto? ¿Por qué les parece que necesitan desesperadamente “desaprincesarse”, como en el cuento de Repún?

Es imprescindible que estos diálogos se den del modo más espontáneo y natural posible, nunca de una manera forzada. Como bien aconseja Mempo Giardinelli:
“Al terminar la lectura deje pasar unos segundos y luego formule usted una pregunta. Entonces espere, vea qué sucede… pero sobre todo no caiga en la tentación de ‘dar una clase’, solamente charle, intercambie. Eso hará que todos se sientan más seguros y confiados, en especial si lo que ellos dicen es tenido en cuenta”.

Ideas para desaburrir princesas
Un par de preguntas más pueden detonar una nueva propuesta:

–Y ustedes… ¿Se sienten los príncipes y princesas de su casa? ¿Y cómo suelen solucionar el “problema del aburrimiento”?

El juego: invitar a los niños y niñas a plasmar en tarjetas de colores una idea para desaburrir princesas.
Una sola frase o dos en cada tarjeta, escritas como en el pictocuento de Graciela Montes y Elena Torres; con palabras (aquellos o aquellas que puedan) y con pequeños dibujitos. Luego, armar con esas tarjetas un “afiche recetario” por si una princesa aburrida apareciera por el aula en las semanas siguientes.


A seguir leyendo

Mientras el interés en el tema no decaiga, se puede continuar durante unos días haciendo “visitas lectoras” para conocer a las princesas de los cuentos clásicos: la del guisante, la durmiente, la caprichosa que rechaza tantas veces a su príncipe pobre y termina besándolo disfrazado de porquerizo.

Otra alternativa es la tierna pero feísima princesa creada por Ema Wolf para el cuento “Flori, Ataulfo y el dragón”, editado por Aique.

Recomendamos darse una vuelta por el extenso y rojo catálogo de Princesas olvidadas o  desconocidas de los absolutamente geniales Philippe Lechermeier y Rébecca Dautremer, de Editorial Edelvives.
Este álbum, de extrema belleza, contiene historias como la de Deletrea de Eritrea, la princesa que escribe, la de Tremenduskah, la princesa temible o Sapina, la princesa que se transforma con los besos. Incluye un croquis con divertidas tipologías de castillos, medios de transporte, baldaquinos, heráldicas, glosarios de léxicos imperiales, refranes y hasta recetas para cocinar princesas.


Este recorrido lector puede tener continuidad en EGB1 con la lectura de Florinda no tiene coronita, de Mercedes Pérez Sabbi, publicado por Edic SM, o Cuento con Ogro y Princesa de Ricardo Mariño, editado por Colihue.

➽Más recursos de ESI: