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1 sept 2025

Juana Manso. Propuesta para el Nivel Inicial

 

*Entrada reeditada

Juana Manso fue una destacada educadora, escritora y periodista, infatigable defensora de los derechos del niño, de la mujer y de los pueblos nativos que luchó por la democratización del acceso a la educación.

Fue una mujer fuera de lo común, que rompió con los estereotipos de su época y a quien la historia le debe su reconocimiento. Con ideas de avanzadas sobre el rol que debía ocupar la mujer en la vida pública a mediados del siglo XIX, o el acceso a la educación tanto de hombre como mujeres, la llevaron a confrontar con las ideas establecidas de gran parte de la sociedad. 

Denostada durante muchos años por sus ideas vanguardistas para la época, donde exigía libertad religiosa, matrimonio civil y protección para los pueblos originarios. Ferviente defensora de la igualdad de oportunidades a través de la educación, para todos, Juana dedicó su vida a trabajar por estos ideales. Inclusive, llegó a ser la primera directora de la escuela mixta del país (para niños y niñas) de la mano de Sarmiento.


►Conociendo un poco su historia

Juana Manso nace en Buenos Aires, el 26 de junio de 1819 y desde muy temprana edad, muestra especial interés por aprender y adquirir nuevos conocimientos. Si bien se destacó por su inteligencia y curiosidad, el rechazo que sentía por los métodos educativos de ese momento la llevaron a alejarse de la escuela. Aunque era buena estudiante, no conseguía tener buenas notas porque no lograba aprender el abecedario de memoria (¡aunque ya leía libros!) Los métodos educativos, por ese entonces, se limitaban a los dogmatismos, la transmisión verbal y los castigos físicos. 

En su temprana juventud tuvo que exiliarse con su familia, ya que eran perseguidos por sus ideas políticas. Primero vivió en Montevideo. Allí funda en su propia casa el Ateneo de Señoritas, donde le da clases a niñas y señoras. Esta es la primera oportunidad que tiene Juana para poner en práctica sus métodos de enseñanza, los que incluían, además de un buen trato a sus alumnas, fomentar el interés por aprender y emancipar a las mujeres desde el saber.

Luego se muda a Brasil, y continúa su labor educativa dando clases particulares de idiomas a familias aristócratas, lo cual le permite rodearse de una ambiente más bien cultural y literario, y donde conoce a su marido, un violinista portugués, con el que se iría de viaje por Estados Unidos y Cuba.

Luego de una corta estadía en Cuba, Juana, su marido y sus dos hijas regresan a Brasil. 
Retoma la enseñanza particular e incursiona en el mundo del periodismo escribiendo, editando y fundando O Jornal das Senhoras, donde, enmascarado entre artículos de moda y buenos modales, expresa su descontento sobre la desigual condición social de la mujer, el racismo y la esclavitud. Cuando su padre muere, y su marido la abandona, decide regresar a Buenos Aires.

De espíritu inquieto, tenía la necesidad hacerse oír, de alzar la voz por los sectores más postergados: los niños y las mujeres. 

Convencida de que la educación era la solución para remediar los problemas de desigualdad, propuso comenzar la escolaridad a la más tierna edad, entre 4 y 5 años, cuando los niños y las niñas son como plantas, cada uno con una naturaleza que los hace únicos. Pero al mismo tiempo consideraba que la escuela, tal como se la conocía, no estaba preparada para recibirlos. Ellos venían del seno materno, de los abrazos y el amor de su madre, para ir a la escuela, lugar hostil, con maestros distantes, enojados, y donde eran castigados si reían o si jugaban. Entonces pensó un lugar ideal, más favorable para ellos, que fueran espacios únicos como los niños. Un lugar más luminoso, con patios grandes donde pudieran jugar abrigados por el calor del sol, y con galerías para que pudieran resguardarse de la lluvia. Un Jardín para sus seres más amados: los niños. Este fue el inicio de los Jardines de Infantes como Instituciones Educativas.
Partidaria de la educación experimental, postuló el principio de la educación integral (razón y acción) y fue precursora del juego al servicio de la educación. Promovió las ideas de Pestalozzi y Froebel, autores a los que les tradujo las obras al español con el fin de dar a conocer estas instituciones y dar formación a las docentes de nivel inicial.

Maestra de alma y profesión, Juana dio singular batalla por la revalorización profesional de la docencia. Su pensamiento educativo y social voló por encima de las mentalidades de su época, y tuvo que soportar críticas y ofensas; y aunque la llamasen “la loca” nada de esto le impediría continuar la lucha en defensa de sus ideales: educación común para todos, igualdad de sexos y libertad religiosa.

Juana confiaba tanto en su misión, que estaba segura que, más temprano que tarde, daría sus frutos. Y así fue, cuando en 1884 se promulga la Ley 1.420 de Educación que establece educación común, gratuita, obligatoria y laica para los niños y niñas de la Argentina.

Aulas mixtas en las escuelas, recreos, eliminación de castigos físicos para los alumnos, el fomento del juego y el aire libre en los establecimientos educativos son algunas de las propuestas de Juana Manso.

►Propuesta didáctica

 Para visibilizar y poner en valor la participación de las mujeres en la historia se propone inaugurar  el “Panel de las mujeres que hicieron historia” dando un lugar importante a la divulgación de la participación de las mujeres en diferentes hechos históricos que conformaron nuestra sociedad y nuestra cultura. Comenzaremos con Juana Manso para luego visibilizar otras personalidades que la historia ha omitido.

Juana, la seño que quería muchos jardines

Juana Manso fue una mujer muy inteligente. Era maestra y vivió hace muchos años. Luchó para que  todos puedan ir a la escuela a aprender, sobre todo las mujeres, porque en otras épocas no estaba bien visto que estudien.
Hace mucho tiempo, los Jardines de Infantes no existían, y Juana trabajó incansablemente para que se inauguren muchos. Ella quería que las nenas y los nenes tuviesen la posibilidad de asistir a un jardín luminoso, colorido, con un patio inmenso y otros espacios para poder jugar, aprender y disfrutar.

Propósito didáctico

  •  Favorecer espacios de intercambio para conocer y reivindicar la figura de Juana Manso y sus incidencias, sobre todo en el Nivel Inicial 

Propósito comunicativo

  • Compartir la producción del recorte trabajado -Los jardines de Infantes como espacios de aprendizaje propicios para ser habitados por las/os niños/as- en “El panel de las mujeres de la historia”.

Actividades: 

1-Escuchar un breve relato sobre la historia de Juana Manso y su relación con los Jardines de Infantes. 

Se puede mostrar su foto para que los niños puedan saber cómo era esa mujer que vivió hace muchos años y que tuvo tanto que ver con los espacios educativos que hoy transitan.

También se puede narrar la versión especial del cuento «Juana Manso, una niña que soñaba», adaptada para los más pequeños.  Porque Juana también fue una niña: curiosa, valiente, llena de preguntas y sueños. Desde muy temprano quiso aprender, entender el mundo y cambiar lo que no le gustaba.

Descargar aquí👉 https://drive.google.com/file/d/10TAJ

2-  Realizaremos una lista con aquellas cosas que Juana Manso hizo, les propondremos a los niños realizar folletos para contarles a las familias quién fue esta figura tan importante. (Podemos usar los dibujos realizados por ellos, algunas palabras podrán ayudar a escribir a la docente).

Ideas para armar el folleto:

¿QUIÉN FUE JUANA MANSO?

(Dibujo de Juana)

FUE UNA MAESTRA

-PERIODISTA.

-ESCRITORA.

(Dibujo de los niños Juana enseñando o escribiendo) 

¿QUÉ HIZO?

-CREÓ EL PRIMER JARDÍN DE INFANTES.

-FUE DIRECTORA.

-PROMOVIÓ LA EDUCACIÓN DE LAS MUJERES.

(Dibujo de los niños)

3-  Armar “El registro de elementos y lugares favoritos de mi Jardín”.   Algunas preguntas para orientarlo pueden ser:

- ¿Cómo son los Jardines de Infantes?

- ¿Qué lugares tienen (cocina, sala, biblioteca, dirección, patio, salón de actos, baños)?

- ¿Qué elementos encontramos en ellos? ¿Cuáles son sus favoritos?

Se puede proponer dibujarlos utilizando diferentes materiales o técnicas y, si se animan, escribir pequeños epígrafes con ayuda. 

4- Juego dramático: Jugamos a ser docentes.

 Se ambientará la sala con elementos para caracterizarse, libros, cuadernos, lápices, pizarrón, tizas, etc.

5- Las producciones (folleto y registros) se podrán compartir en el “Panel de las Mujeres de la Historia” 

Fuentes:



16 jun 2020

María Catalina, la mujer que confeccionó la primera bandera argentina

(Imagen idealizada de María Catalina Echevarría,
según una pintura de Noemí Faura)

*Entrada actualizada

Todos los 20 de junio se honra al creador de nuestra bandera nacional, Manuel Belgrano, con motivo de su paso a la inmortalidad, por lo que se repite su nombre y se cuenta su historia.
Pero todos los 20 de junio se olvida decir otro nombre: el de María Catalina Echevarría, la responsable de confeccionar aquel primer paño celeste y blanco.

María Catalina Echevarría nació en Rosario en 1788. Tras quedar huérfana de pequeña fue adoptada por Pedro Tuella, quien fuera un amigo de sus padres. Su hermano Vicente Anastasio, bastante mayor que ella, fue un abogado que acompañó fervientemente la lucha por la independencia, muy cercano al General Manuel Belgrano.

Adolfo Paulón, historiador , relató: “Cuando Belgrano llega a la Villa del Rosario designado para hacerse cargo del Ejército, se hospeda en la casa de los hermanos Echevarría, ubicada sobre calle Córdoba, entre las actuales Juan Manuel de Rosas y Buenos Aires, residencia en la que María Catalina formó su hogar luego de casarse con Juan Manuel Vidal en septiembre de 1810. El lugar era el ideal para observar las tareas de fortificación que se realizaban en la barranca y en la isla fronteriza, y para inaugurar las Baterías Independencia y Libertad”.

La historiadora Griselda Tarrag , investigadora y docente universitaria en la Universidad Nacional de Córdoba y en la Universidad Nacional de Rosario , en una nota para https://www.cultura.gob.ar/, dice:

"Lo que sabemos de esta mujer nos llega casi, estrictamente, por la tradición oral. Su figura aparece diluida en el contexto del ámbito doméstico, como una niña que ha quedado huérfana y es criada por una buena familia, para que tenga un buen matrimonio. 
 La tradición dice que Catalina tomó del establecimiento de Pedro Tuella las telas, una azul celeste, la otra blanca y cosió esos dos paños que conformaron la primera bandera que identifica a la patria naciente. La imagen de Catalina está invisibilizada porque no tenemos muchos recursos documentales acerca de que esto haya sido así. Por otra parte, a ella le tocó coser la bandera, que era una función claramente femenina en ese mundo de la casa.
Si se piensa que ella era hermana de Vicente, que Belgrano pasa por Rosario, está todo el proceso de construcción de las baterías Libertad e Independencia, está con el ejército, Belgrano la conoce porque es la hermana de su amigo, el núcleo de población era muy pequeño, entonces Catalina obviamente debe haber escuchado, participado, hablado con Belgrano.

En el Monumento hay un mural que la recuerda, casi desde el lugar de las especulaciones estrictas, entregando ella misma esa bandera a Belgrano. 

"Bendición a la Bandera"- Bajorrelieve de Eduardo Barnes 
 Foto: http://banderasargentinas.blogspot.com/ 

También hay un vitral en la Catedral donde está recuperada en el momento en el que se iza por primera vez la bandera. Son esencialmente tradiciones y eso ha dado lugar a mucha polémica en el sentido que no contamos con un expediente militar, escrito, que diga que ella fue la que se encargó de coser la bandera.


Vitral que representa “La creación de la Bandera por el general Belgrano en Rosario” (Iglesia Catedral)
Foto Diario Uno
Es necesario que se vuelva a escribir esta historia desde otro lugar, tratando de hacer otro tipo de investigaciones. Es un gran desafío recuperarla, ponerla en el lugar que le corresponde, en el centro de una acción muy importante para la historia de la nación argentina. Trabajar para recuperar su vida y los rastros de sus acciones, de su intervención, de su involucramiento en todo este proceso, que solo tuvimos por especulaciones y reflexiones." 

El diseño de esta primera enseña, según se cree, era de dos franjas horizontales blancas en los extremos y una franja celeste en el medio.

Luego de caer derrotado en Vilcapugio en 1813, y mientras reagrupaba a su ejército en el pueblo de Macha -hoy territorio de Bolivia-, Belgrano ordenó ocultar la bandera.
En 1885 fue hallada en la capilla de Titiri. Actualmente permanece en el museo “Casa de la Libertad”, en Sucre  y existe  una réplica autenticada en el Monumento a la Bandera.

Pacho O'Donnell, escritor, médico especializado en psiquiatría y psicoanálisis e historiador, apuntó en su libro El grito sagrado: “La bandera que cosió María Catalina Echevarría de Vidal generó mucho rechazo en Rivadavia que le ordenó a Belgrano quemarla o enterrarla. María Catalina tuvo un alto espíritu patriótico, porque coser la bandera implicaba un fuerte compromiso con la causa de la independencia, sin embargo, la historia la ha olvidado, y olvidarse de la trascendencia de su personalidad es una demostración de cómo se despreció en la construcción de la argentinidad a la mujer humilde”.

Después de aquella inolvidable experiencia, Echevarría de Vidal, viviría una vida tranquila. Al tiempo se trasladó al pueblo de San Lorenzo, en una propiedad cercana al convento. Falleció a los ochenta y cuatro años. Sus restos descansan en el atrio del convento de San Lorenzo.

Única y auténtica imagen de
María Catalina Echevarría, anciana

Si bien en esa época el lugar de las mujeres no formaba parte de la escena pública, hoy podemos revisar estas historias desde nuestro presente y ponernos las “lentes del género” para observar los modos en que ellas también fueron partícipes de la construcción de nuestra Patria.

"Esta mujer que fue invisibilizada por la historia merece también que se la conozca y se la reconozca como a tantas mujeres porque ellas también hicieron la patria y son parte de la formación en la construcción de la argentinidad. La mujer además de poner el cuerpo en las guerras de la independencia puso también las manos en las agujas, y tomando el calificativo que lo otorga O’Donnell, como lo hizo María Catalina, la zurcidora de América". Prof. Liliana Maurilli

Doscientos años después de aquella gesta, una placa colocada en el pasaje Juramento, a metros del Monumento Nacional a la Bandera, se convirtió en el primer recuerdo formal que se le tributa a Echevarría de Vidal en su ciudad natal.

Actualmente un pasaje del Monumento Nacional a la Bandera lleva su nombre. “Logramos el homenaje para una mujer que era desconocida y que casi estaba olvidada en su lugar de nacimiento”, explicó Adolfo Paulón al momento de ese reconocimiento.
◈ Catalina, la mujer de la bandera ◈ 




◈ Relato de una costurera ◈

“Me llamo Clarisa Guerrero viuda de Guevara, soy muy pero muy viejita, pero todavía guardo muchísimos recuerdos de la época que me tocó vivir, de los momentos que vivió el país en guerra, del hambre, del miedo, pero también de los buenos amigos, como María Catalina. 
María Catalina Echeverría de Vidal vivía al igual que yo, en la Capilla del Rosario del pago de los Arroyos. Ahora mi bisnieta le dice simplemente Rosario, pero antes, cuando había más tiempo, pronunciábamos el nombre completo.
En esa época, por el año 1811, las mujeres nos ocupábamos de todas las cosas de la casa, del cuidado de los hijos y de obedecer al marido. Todas cosíamos nuestra ropa, lavábamos los trastos en el río Paraná y planchábamos todo con un hierro caliente.
Pero María hacía algo mejor que todas nosotras: sabía bordar como ninguna. Es por eso que el general Belgrano, luego de asesorarse, le pidió a ella que bordara la celeste y blanca que por primera vez se izó frente a los soldados en las baterías de Capilla del Rosario del pago de los Arroyos (y bueno, yo le sigo diciendo así…)
El general fue muy claro: “Quiero, doña Catalina, una bandera con los colores de la escarapela. Los colores del cielo fueron tomados para evocar el manto de la Inmaculada Concepción de la Virgen. Esos colores, también, eran los que había elegido la casa de Borbón, de la cual forma parte el rey prisionero Fernando VII”.
Catalina me contó que trabajó durante todo el día, y también durante toda la noche a la luz de la velas.
El 27 de febrero de 1812 se la entregó tempranito: “Aquí está, mi general”.
“Gracias, doña Catalina”-dijo Belgrano emocionado.
En la nueva batería, a la que Belgrano inauguró con el nombre Independencia, hizo formar a sus soldados. Un sobrino de Catalina que formaba parte del ejército contó que Belgrano ordenó a la tropa jurarle fidelidad a la bandera diciendo: “Juremos vencer a los enemigos interiores y exteriores, y la América del Sur será el templo
de la independencia y de la libertad”.
Así fue cómo Capilla del Rosario del pago de los Arroyos (yo me niego a decirle Rosario) llegó a ser una ciudad muy famosa, ya que venía gente de todas partes a conocer el lugar donde la celeste y blanca flameó por primera vez…”

Méndez, Laura, Las efemérides en el aula. Buenos Aires, Novedades Educativas, 2005, p.138.


Desde el portal Educ. ar se invita  a abordar la figura de Manuel Belgrano y la creación de la bandera como símbolo patrio desde la colección «El género de la patria» junto a un afiche y propuestas de actividades por nivel educativo.  Se transcriben a continuación las dirigidas al Nivel Inicial.
  • Se sugiere trabajar a partir de la propuesta visual de este afiche, que muestra a dos personas para conocer acerca de la historia de la creación de la bandera de la Patria. Por un lado, el rostro de Manuel Belgrano y, por el otro, la silueta de una mujer menos conocida, María Catalina Echevarría, quien confeccionó la primera bandera y presenció su primer izamiento junto a las tropas. ¿Qué les llama la atención de estas imágenes? ¿Por qué creen que el nombre de María Catalina Echevarría resulta menos conocido y no se muestra su rostro? Se propone conversar sobre la importancia de la realización de distintas tareas para lograr determinados objetivos que, como se analiza en este caso, fue la confección de la bandera.


Publicación relacionada:



6 may 2019

Las Mujeres en la Revolución de Mayo.


*Entrada reeditada mayo 2026

Una de las características de la enseñanza de nuestra historia es la exclusión de las mujeres en el relato de la construcción del país.
Poca información es la que nos brindan los textos escolares acerca del rol de las las mujeres que vivieron durante la época del virreinato.

Las imágenes más comunes las muestran  a  las damas de la élite colonial  amenizando unas fiestas características de su grupo social, las tertulias, o bien organizando el trabajo de una numerosa servidumbre, en las grandes casonas coloniales.

Pero, ¿qué otras cosas hacían? ¿Cómo era el vínculo con sus padres y sus maridos? ¿Cuál era el modelo de mujer aceptado por su grupo social? ¿Qué educación recibían? ¿Con quiénes se casaban? ¿Podían elegir a sus maridos? ¿Podían recorrer caminos distintos de los pautados socialmente?
¿Cómo era la vida de las mujeres esclavas?
¿Estuvieron en el  Cabildo Abierto del 22, cuando se depuso al virrey Cisneros? ¿Estuvieron  en el histórico día 25 y se apiñaron entre soldados patricios y vecinos que, reunidos frente al Cabildo, «querían saber de qué se trataba»?  ¿Estuvieron en las calles? ¿Lucharon en las guerras independentistas?
Los documentos y la tradición oral —que son los elementos que permiten reconstruir los hechos del pasado— señalan que, desde el rol que cumplían en la sociedad de su época, hicieron mucho por nuestra historia, en lo político, en lo social y en lo cultural.

Fueron muchas y variadas las acciones en las que participaron mujeres de orígenes diversos durante las históricas luchas revolucionarias.
Cientos de mujeres actuaron como espías y emisarias, valiéndose de su presunta debilidad y desinterés político para infiltrase en el ejército enemigo.
Además, participaron en la organización de redes de información en las que actuaban como correos, proporcionando información muy valiosa al ejército patriota; y también en la organización de protestas; en la propagación de las ideas patriotas y en la persuasión entre los ejércitos realistas.

Para discernir el papel de las mujeres en aquella época, podemos señalar que colaboraron en todo cuanto estuvo a su alcance: transportaron alimentos, ropas y material bélico; cocinando, e incluso atendiendo a los heridos. Protagonizaron tertulias esclarecedoras, o donaron sus joyas para la causa de la libertad. Pelearon hasta dejar sangre o empujaron a la lucha a sus esposos o amantes. Discutieron  estrategias con los hombres prestando  sus casas para reuniones clandestinas o actuaron como espías y emisarias.

Madres, esposas, novias, vecinas solteras, cultas o trabajadoras, hijas y hermanas, con sencillez o con la protagonismo de las valientes, con el corte y la confección o con el fusil, la oración y el discurso inflamado, todas ellas contribuyeron a la creación de nuestro país.

Las mujeres y la revolución de mayo de 1810

Nadie las invitó al Cabildo Abierto del 22, cuando se depuso al virrey Cisneros. Arriesgaron su reputación el histórico día 25 y se apiñaron entre soldados patricios y vecinos que, reunidos frente al Cabildo, querían saber de qué se trataba.

Para pensar a las mujeres de Mayo hay que retroceder a 1801 en Buenos Aires. La aldea colonial  se estremece con un escándalo. María de Todos los Santos Sánchez, muchacha de 14 años que la historia conocería como Mariquita, se había negado a casarse con Diego del Arco, un distinguido caballero español mucho mayor que ella, riquísimo comerciante criollo, el hombre que su padre designó para ella. Estaba todo listo para la ceremonia: todo menos la novia. Ni los gritos ni las amenazas consiguieron que la chica dijera el "sí" y el novio tuvo que salir de la casa tan soltero como había entrado. Poco después Mariquita también salió como había entrado del convento donde había sido internada en castigo: salió resuelta a no dar el brazo a torcer y a casarse con su amor, su primo segundo, Martín Jacobo Thompson. Empecinada, se presentó al virrey Sobremonte para que dejase sin efecto los arreglos que había hecho la madre -el padre ya había muerto- para casarla con Diego del Arco. Cerca de un año después de iniciado el juicio, los enamorados obtuvieron la autorización y la boda se realizó el 29 de julio de 1805. Mariquita abrazó con fervor la causa de la libertad y colaboró con todas las empresas patrióticas de la Revolución de Mayo.
Su casa de la calle Umquera, más conocida por todos como “del Empedrado” o “del Correo” (actualmente calle Florida al 200) acogió a las personalidades de su época, atraídas por la hospitalidad graciosa y espiritual de la dueña. Los problemas más delicados eran debatidos allí, lo mismo que los temas literarios.
Mariquita Sánchez de Thompson


Una mujer reconocida, María Guadalupe Cuenca, la esposa de Moreno, mientras él estaba en el exterior, le enviaba cartas con información sobre lo que pasaba en Buenos Aires. Además, solía discutir de estrategia con su marido y juntaba dinero para entregarlo a la causa.

María Guadalupe Cuenca
                                                                                                 
En las Invasiones, las ollas de agua arrojadas por mujeres desde las terrazas son más conocidas que algunas actuaciones individuales.

Manuela Pedraza, una humilde soldada tucumana, apodada la tucumanesa . En agosto de 1806, combate duramente a los invasores ingleses, acompañando a su esposo. Él muere en la pelea y ella toma su fusil y da muerte al inglés que lo ha matado. Luego le arranca el fusil, que presenta, después, como trofeo a Liniers.
Por esta acción se le otorga el grado de subteniente de infantería.
De Manuela Pedraza poco se sabe, ni siquiera sus fechas de nacimiento y muerte, pero sí que cayó en la miseria y arrendaba una modesta pieza y que por falta de pago, le iniciaron, en dos oportunidades, juicio por desalojo.

Manuela Pedraza

Otra mujer que participó durante las invasiones inglesas, fue Martina Céspedes. Era viuda, tenía 45 años y tres hijas. Vivian en el barrio alto, San Telmo.  Allí atendían una pequeña pulpería. Martina usó la estrategia de hacer pasar uno en uno a los ingleses, les ofrecía aguardiente hasta dejarlos ebrios y luego los tomaba prisioneros. En premio, Liniers la nombró sargento mayor. Detalle romántico: ella entregó sólo once prisioneros. El restante se terminó casando con Josefa, una de las hijas.

Martina Céspedes


Casilda Igarzábal de Rodríguez Peña,  entre 1804 y 1810 reunió una de las primeras sociedades secretas de la emancipación americana, el llamado Partido de la Independencia. Este último integrado por Juan José Castelli, Nicolás y Saturnino Rodríguez Peña, Manuel Belgrano, Juan José Paso y Martín Rodríguez. Cornelio Saavedra dudaba en ponerse al frente del movimiento para derrocar a Cisneros.

El 18 de mayo, la esposa de Rodríguez Peña, a la cabeza de un grupo de señoras, se presenta en la casa del comandante del Cuerpo de Patricios. Le dice: ¡”Aquí no hay que vacilar!” Lo presiona para que se decida y lo invita a concurrir a su quinta, en la que Castelli, Belgrano y otros rebeldes estaban conspirando. Saavedra acepta ir. La estrategia para el Cabildo Abierto del 22 de mayo se planea allí ese 18.
La Gaceta de Buenos Aires publicó una resolución de la Primera Junta convocando a los vecinos a concurrir a la casa del vocal Miguel de Azcuénaga, donde se recibían las donaciones para equipar al primer ejército patrio.
Casilda figura encabezando la larga lista que fue publicando el periódico con la donación del salario de dos soldados. Contribuyeron las porteñas pero también las mujeres de las provincias. Aportaron las ricas, pero también las mujeres del pueblo y hasta las esclavas. Conmueve ver el nombre de María Eusebia Segovia, esclava, donando 1 peso fuerte “y se ofrece para servicio de cocina con dos hijos”, o el de Juana Pavón que aportó 2 pesos fuertes “que los tenía destinados para vestir, pero ha querido tener la satisfacción de cederlos para auxilios de los gastos de la expedición”.

Casilda Igarzábal de Rodríguez Peña


La salteña Juana Gabriela Moro Aguirre, delicada dama que humildemente vestida se trasladaba a caballo espiando recursos y movimientos del enemigo. Durante las guerras de independencia, lideró en Salta, junto con Doña Loreto Sanchéz  Peón, una red de espionaje femenina conocida como Las Mujeres de la Independencia. En una oportunidad fue apresada y obligada a cargar pesadas cadenas, pero no delató a los patriotas. Sufrió el castigo más grave. Cuando Pezuela invadió Jujuy y Salta, Juana fue detenida y condenada por espionaje a morir tapiada en su propio hogar. Días más tarde una familia vecina, condolida de su terrible destino, oradó la pared y le proveyó agua y alimentos hasta que los realistas fueron expulsados.
Fue emparedada a los 29 años, pero murió centenaria. A consecuencia de la difícil situación que atravesó fue su apodo: «La Emparedada» 

Juana Gabriela  Moro Aguirre 



María Loreto Sanchéz Peón solía disfrazarse para vender pan y pasteles al ejército realista y a la hora de pasar lista se sentaba en un rincón tomando silenciosa nota del número de fuerzas enemigas ayudada de dos bolsas de maíz, una para los presentes y otra para los ausentes. Para sus comunicaciones con el coronel patriota Luis Burela utilizaba un hueco practicado en un árbol a orillas del río Arias, donde sus criadas que acudían al río con la excusa del lavado de la ropa, depositaban los mensajes y retiraban instrucciones mientras al río para el lavado de la ropa o para conducir el agua para el servicio doméstico.
Efectuó también numerosos viajes a Orán y Jujuy llevando ocultos los papeles de comunicaciones en el ruedo de su pollera.
María Loreto Sanchéz Peón


Juana Azurduy,  descolló por sus dotes militares. Esta huérfana de sangre mestiza nació en Chuquisaca en 1780. Luchó contra los españoles al frente de su tropa: primero junto con su marido, Manuel Ascensio Padilla y luego sola. El 25 de mayo de 1809, la sublevación de Chuquisaca sacudió el Virreinato del Río de la Plata desde el Alto Perú, Juana y Manuel colaboraron con entusiasmo con los rebeldes. Aunque el movimiento fue derrotado, toda la zona ingresó en una "guerra de republiquetas"(grupos guerrilleros independentistas), que no cesaría hasta la definitiva independencia de la América hispana, en 1824.
En ese lugar combatió Juana, la guerrillera, desde el día en que dejó a sus cuatro hijitos al cuidado de una india y salió a reunirse con su marido al campo de batalla. Allí la encontraron las dos expediciones que envió Buenos Aires al Alto Perú, que fracasaron en el intento de extender la Revolución. Las tropas de Juana y Manuel prestaron servicios muy importantes. Se cuenta que fue ella quien tomó el cerro de la Plata y se apoderó de la bandera realista, hazaña que Padilla no le reconoció. Como muestra de gratitud, el gobierno de Buenos Aires la nombró teniente coronel.
Durante el resto de los años, Juana continuó su resistencia en una guerra de guerrillas sangrienta y desastrosa en la que vio morir a sus cuatro hijos, combatió embarazada de la quinta hija, que luego dio a luz a orillas del río Grande, mientras su marido peleaba, y escapó con ella en brazos, a caballo, recién parida, porque sus enemigos habían aprovechado su convalecencia para intentar apoderarse de los caudales de la tropa.
Entonces, la estrategia que proponía San Martín se impuso en Buenos Aires: abandonar la vía altoperuana y acceder a Lima cruzando los Andes y el mar. Esto fue exitoso para la causa, pero dejó a Juana y a su tropa liberados a la suerte del destino. Cuando el enemigo capturó y mató a Padilla, ella rescató de una pica de la plaza pública la cabeza de su hombre. Viuda y con una sola hija, después de desesperados y vanos intentos por continuar la causa revolucionaria, se puso al servicio del general Martín Miguel de Güemes y participó activamente en la defensa del Norte patriota.

Juana Azurduy

Mujer negra, pobre, guerrera, esposa y madre de varios hijos, María Remedios del Valle fue una de las pocas mujeres que comenzó a luchar en las guerras de la Independencia desde que se formó el primer gobierno patrio el 25 de mayo de 1810. Su primera participación fue en la Expedición del Alto Perú junto a su marido y a sus dos hijos. Ella, como muchas otras mujeres, acompañó a la tropa alimentando a los soldados, curando heridos y también peleando con ellos. Así lo hizo en la batalla de Huaqui, donde desafortunadamente perdió a su marido y a sus dos hijos. Lejos de rendirla, sumó más coraje para pelear en las contiendas de Tucumán y Salta. Debido a su bravura y valentía, Manuel Belgrano la nombró Capitana.  A pesar de este gran reconocimiento, la suerte no estuvo de su parte en las derrotas de Vilcapugio y Ayohúma, donde fue herida de bala, capturada por los realistas y azotada públicamente. Muchas veces estuvo a punto de ser fusilada, sin embargo, pudo sortear los embates tenazmente.
De vuelta en Buenos Aires, no le fue fácil que la reconocieran como capitana y que le pagaran su sueldo, y cuando lo consiguió fue por poco tiempo.

Un vídeo homenaje para esas mujeres que participaron en  la revolución de mayo 

 
Propuesta para el aula
Algunos de  los interrogantes planteados al comienzo de esta publicación  podrán servir de motivación para iniciar un proyecto de investigación en la escuela.  Como ejemplo, podrán consultar el que aparece en este enlace: https://www.educ.ar/recursos/132027/las-mujeres-en-la-historia-rioplatense. Si bien está dirigido a niños de primer ciclo puede adaptarse para trabajarlo con niños de la última sección del Nivel Inicial.

Otra propuesta que encontrarás en Mi Sala Amarilla: