30 jun 2019

La carrera de la tortuga y la liebre: juego de tablero.


Este juego de tablero refiere a una célebre fábula, recogida por Esopo,en la que una liebre y una tortuga corren una carrera. Mientras la liebre se confía porque se sabe más rápida y se echa a dormir bajo un árbol; lenta y perseverante, la tortuga, pasito a pasito, llega a la meta antes que la liebre y gana la carrera.
Esta historia –que se puede compartir con los chicos– inspiró el nombre de este juego y, en este sentido, es algo más que el simple juego de completar un tablero. Por supuesto, hay que tener en cuenta que en nuestra experiencia puede ocurrir que cualquiera de los dos animalitos gane y que, por lo tanto, la fábula no se refleje en la jugada.

En el siguiente enlace podrán encontrar una propuesta para trabajar la fábula desde el área del lenguaje: Cómo trabajar la fábula de la Liebre y la tortuga
Materiales
• Un dado común.
• Fichas para tapar casilleros, 20 con la imagen de una tortuga y 20 con la imagen de una liebre
• Un tablero

Organización del grupo para jugar
• Grupos de 2 jugadores.

Reglas
• Cada jugador tira el dado. El que obtiene el mayor puntaje se coloca en el tablero de la liebre y comienza el juego.
• Por turno, cada jugador tira el dado y coloca en los casilleros de su pista tantas fichas como indica el puntaje obtenido en el dado.
• Gana el jugador que llena toda la pista de la carrera.
Descargar  tablero y fichas en el siguiente enlace: https://drive.google.com/file/


Análisis del juego

En los juegos de completar tableros los niños tienen que colocar tantas fichas como indica el dado; es decir, el problema consiste en construir una colección equivalente de fichas a la cantidad obtenida en el dado.
Para poder resolver este problema, los chicos tienen que coordinar dos acciones: retener en la memoria el puntaje obtenido en el dado y extraer tantas fichas como puntos han logrado.

Los procedimientos que utilizan los niños son, en primer lugar, el de correspondencia término a término, dado que podrían sacar una ficha cada vez que señale un punto del dado; y en segundo lugar, tomar un montón –procedimiento que es bastante impreciso pero que suele ser uno de los elegidos por los niños en una primera instancia–. Otro mecanismo posible es el de retener en la memoria el puntaje obtenido y contar las fichas sin pasarse de esa cantidad, es decir, controlando el conteo.

Las dos primeras opciones de resolución, sacar una ficha y tomar un montón, son formas que evitan una solución numérica. Si bien es esperable que estos procedimientos aparezcan, también es importante que, a través de nuevas propuestas , los niños vayan abandonando paulatinamente estas respuestas y comiencen con resoluciones cuantitativas, es decir, en las que los números estén presentes.

Por otro lado, el tablero con dos pistas paralelas hace más fácil saber quién va ganando al comparar las dos filas de fichas. Pues para detectar quién es el ganador o cuál de los jugadores tiene más chance, los chicos pueden comparar la longitud de la hilera de fichas o de casilleros ocupados u observar la cantidad de fichas que faltan según el número de los casilleros vacíos. En este último caso, es interesante el tipo de comentarios que van haciendo los niños, ya que tienden a anticipar lo que deberían obtener en el dado para ganar.

Es importante que los docentes estemos atentos a este tipo de verbalizaciones de los niños para luego socializarlas en la puesta en común o bien para plantear con ellos algún problema nuevo.
Un ejemplo:
–A un nene le faltaban diez casilleros para ganar. ¿Puede ganar tirando una sola vez el dado? Prueben.
O también:
–Una nena dijo que le faltaban siete casilleros y que para ganar le tenía que salir el 6 y el 1. ¿A ustedes qué les parece? ¿Hay otras maneras posibles? Busquen diferentes formas para ganar.

Fuente:
Este juego figura en Números en juego. Serie Cuadernos para el aula : Nivel inicial -  Buenos Aires : Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación, 2007.



Otro juego de tablero:

El árbol de los pájaros


29 jun 2019

Calendario de Julio 2019 con efemérides.

Julio es el mes de la Independencia y el mes de las vacaciones de invierno en todas las escuelas argentinas y como todos los años las fechas del receso invernal varían de una provincia a la otra. Salta será la primera  en tomarlo y Buenos Aires la última.
A continuación se comparte un cronograma del mes de Julio con las fechas de mayor relevancia (a nivel regional, nacional e internacional) que contienen enlaces con información y recursos para la escuela .
Parte de los datos fueron tomados de la página de la Dirección General de Cultura y Educación de la provincia de Buenos Aires.

1/ 12 de julio
 ➥   Receso invernal para Salta
       ►Mensaje
       ► Actividades para hacer en vacaciones
       ► Tarjetas 
5 de julio
 ➥   Día Internacional de las Cooperativas y Día Nacional del Cooperativismo

7 de julio
 ➥    Día de la Conservación del Suelo
      ►Mensajes/imágenes

9 de julio
 ➥    Declaración de la Independencia Argentina
      ►Recursos para el 9 de julio
      ►Más recursos

8/ 19 de julio
 ➥   Receso invernal para Mendoza,Córdoba,Santa Fe,Misiones,Entre Ríos,Chubut, La Rioja, Tucumán, San Juan y Neuquén.

12 de julio
 ➥   Día de la confraternidad argentino - boliviana, en conmemoración del aniversario del natalicio de la Heroína de la Independencia, Juana Azurduy de Padilla.

  ➥    Día Nacional de la Medicina Social, en conmemoración de la fecha de nacimiento del
doctor René G. Favaloro 

10/ 23 de julio
 ➥   Receso invernal para La Pampa.
       
15/ 26 de julio
 ➥   Receso invernal para Catamarca, Río Negro,San Luis, Formosa, Corrientes, Jujuy, Chaco, Santiago del Estero, Tierra del Fuego.
     
20 de julio
 ➥   Día del amigo
       ► Proyecto Somos Amigos
       ►  Tarjetas Día del Amigo

22 de julio al 2 de agosto
 ➥   Receso invernal para Buenos Aires.

24 de julio
 ➥   Día de la Integración de América Latina,en homenaje al natalicio del Libertador Simón Bolívar

26 de julio
 ➥   Día de los abuelos
        ► Proyecto Juegos y juguetes de nuestros abuelos

28 jun 2019

La vida en la ciudad de Tucumán de 1816. Cómo se festejó la Independencia.


¿Cómo era la  vida en la ciudad de Tucumán del 1816?

En el Tucumán en el que se cocía la Independencia vivían unas 8.000 personas aproximadamente, en casas modestas y calles de polvo. Hacia 1812, la ciudad se iluminaba con faroles de papel que se colgaban al anochecer en el frente de las casas; pero en 1813 ya habían llegado las luminarias de cristal al espacio urbano.

La plaza funcionaba como el centro social y comercial por excelencia. Todo lo que un ama de casa necesitaba lo encontraba allí, y en las escasas tiendas que había a su alrededor. Por las noches no era raro escuchar a grupos de jóvenes ofreciendo serenatas nocturnas o “andas de música”, comenta la historiadora  Sara Peña, en “San Miguel de Tucumán 1812, Vida cotidiana en Tiempos difíciles”.

La decoración de las viviendas era austera y predominaban los lienzos y las imágenes religiosas. En algunas otras había retratos de algún antepasado. “En casa de Francisca Bazán de Laguna había un retrato de su yerno, Don Pedro Antonio de Zavalía y Andía, lo que era excepcional, únicamente se conocía otro retrato en la ciudad, el de José Colombres y Thames”, comenta  la historiadora Peña de Bascary.

La iluminación se conseguía con faroles de hierro y papel. Los más pudientes iluminaban con mecheros de cuatro luces alimentados con aceite de potro. El resto se las arreglaba con velas de sebo.

Los libros se consideraban un lujo. En las casas no había bibliotecas, salvo la del convento de San Francisco. Los escasos libros en las casas eran vidas de santos y devocionarios.

Comidas

En las mesas se veía carne asada, guisada, charqui y locro. El arroz entraba en la categoría de novedad importada del oriente. El grano de maíz era muy requerido, también se consumía carne de paloma y perdices. El locro, la humita, la mazamorra y los pasteles de choclo eran los clásicos de la gastronomía tucumana. Por supuesto que los dulces y mermeladas se elaboraban en las casas, sobre todo con naranja y limas. Se consumía gran cantidad de tubérculos, hortalizas y frutas. Se bebía café, chocolate y mate. Para endulzar comidas y bebidas se empleaba miel de abeja y de caña y azúcar.

Vida social

La vida cotidiana de las mujeres estaba marcada por la religiosidad: "misa diaria, novenas y todo tipo de actos devotos”, señala Peña de Bascary. En los templos no había bancos, así que ser costumbre que los sirvientes y esclavos cargaran alfombritas de iglesia y reclinatorios.

En los bailes de damas y caballeros se danzaba al son de guitarras el pericón, el cielito y el cuando. 
Carlos Morel, Litografía usos y costumbres Argentinas. El Cielito.
“En las casas había diversos instrumentos musicales: arpas, violines y pianos”, cuenta la historiadora. Los juegos de naipes eran habituales en todas las esferas sociales. Se intentó reprimirlos, dado el crecimiento de las apuestas, con escasos resultados.

Juegos
Los chicos ya jugaban con pelotas, más pequeñas que las actuales, y hechas en trapo, aunque aún no se conocía el fútbol. También jugaban a la rayuela, el balero, el trompo y el volantín.

Educación
La instrucción llegaba hasta el nivel primario y la única escuela que funcionaba era la del Convento de San Francisco a la que asistían  sólo niños.
Las mujeres casi no sabían leer ni escribir. Cuenta la historiadora Peña de Bascary que algunas niñas recibían instrucción domiciliaria: lectura, rezos, escritura y números.

Vestimenta
La vestimenta de las mujeres se reducía a faldas, camisas y vestidos. Las telas se traían de Europa: “capas y capotes de terciopelo, chalecos, sombreros, medias de seda, o algodón, telas de gasa, sarasa, ponteví, tafetán, seda, brocado, balleta y encajes de Flandes”, figuran en las anotaciones del comerciante José Gregorio Aráoz, citado en el trabajo de Peña de Bascary. El ajuar se completaba con guantes, peinetas, pañuelos y mantillas. El negro era el color con el que se iba a misa. Los eventos religiosos constituían la principal salida de las mujeres de esa época. Los rebozos (capas y mantos para cubrirse el rostro y los hombros) eran una tradición heredada de España.
Los varones usaban pantalones ajustados, calzas, chalecos de seda, levitas y fracs. Zapatos con hebillas de oro, medias de seda o algodón, sombrero de pelo.

En ese tiempo San Miguel de Tucumán era una pequeña ciudad.

Plano de San Miguel de Tucumán en 1816, Álbum General de la provincia de Tucumán, 1916.

La decisión de realizar allí el Congreso trajo algunos inconvenientes: iban a llegar muchas personas de golpe y la ciudad no estaba preparada para dar alojamiento a tanta gente. Tampoco había un lugar lo suficientemente grande como para realizar las reuniones del Congreso.

Pero las cosas finalmente se resolvieron. Algunos congresales fueron alojados en casas de familias tucumanas, cerca de la Plaza Mayor y el Cabildo. Otros pudieron ubicarse en los conventos o en las casas de algunos sacerdotes. Una señora tucumana, Francisca Bazán de Laguna, prestó su casa —la más grande de la ciudad— para que se realizaran las sesiones del Congreso, y hasta permitió que se derribaran paredes interiores para conseguir una sala más amplia.


¿Cómo se festejó nuestra independencia en 1816?


Pellegrini Carlos E. (1831) Minuet.

La sesión del 9 de julio de 1816 fue bastante extensa, y al día siguiente se llevaron a cabo los festejos por la declaración de la independencia. El 10 de julio, a las nueve de la mañana, los diputados y autoridades se dirigieron al templo de San Francisco. Los encabezaba el Director Supremo Pueyrredón; lo acompañaban Laprida y el gobernador Aráoz. A lo largo de tres cuadras, que separaban la casa del Congreso de la iglesia formaban en doble hilera las tropas de soldados. En la plaza estaba reunido el pueblo, expectante y entusiasta. Según la investigación de Juan Carlos Marinsalda, la procesión desde la casa de Francisca Bazán hasta San Francisco era costumbre en tiempos de la colonia. La familia Bazán era propietaria de un Cristo (conocido como el “Cristo de los Bazán”), trasladado habitualmente en las celebraciones religiosas.
El congresal por La Rioja, Pedro Ignacio Castro Barros, tuvo a su cargo la misa solemne y el
sermón. Entre salvas y música, la comitiva se dirigió a la casa del gobernador donde sesionó
brevemente el Congreso. En su salón se preparaba un baile para otorgar a Pueyrredón la jerarquía de Brigadier y nombrar a Belgrano como General en Jefe del Ejército, en reemplazo de Rondeau.

Hacia 1870, Paul Groussac, un intelectual francés que residía en Tucumán, narró detalles del
baile de la independencia gracias a los testimonios de algunas personas que habían asistido.
Según Groussac:

“Cuántas veces me han referido sus grandezas mis viejos amigos de uno y otro sexo que habían sido testigos y actores de la inolvidable función. De tantas referencias sobrepuestas sólo conservo en la imaginación un tumulto y revoltijo de luces, armonías, guirnaldas de flores, manchas brillantes y oscuras de uniformes y casacas, faldas y faldones en pleno vuelo, vagas visiones de parejas enlazadas en un alegre bullicio de voces, risas, jirones de frases perdidas que cubrían la delgada orquesta de fortepiano y violín"

También hubo festejos el 25 de julio en las afueras de la ciudad. Jorge María Ramallo cita a un testigo de las celebraciones, el oficial sueco Jean Adam Graaneer, agente del Príncipe Bernadotte, que se encontraba en ese momento Tucumán. En su descripción de los sucesos, realizada cuatro días después de los festejos, Adam Graaner se refiere así a aquellos sucesos:

“El 25 de julio fue el día fijado para la celebración de la independencia en la provincia de Tucumán. Un pueblo innumerable concurrió en estos días a las inmensas llanuras de San Miguel. Más de cinco mil milicianos de la provincia, se presentaron a caballo, armados de lanza, sable y algunos con fusiles; todos con las armas originarias  del país, lazos y boleadoras…"

"Las lágrimas de alegría, los transportes de entusiasmo que se advertían por todas partes, dieron a esta ceremonia un carácter de solemnidad que se intensificó por la feliz idea que tuvieron de reunir al pueblo sobre el mismo campo de batalla donde cuatro años antes, las tropas del general español Tristán, fueron derrotadas por los patriotas. Allí juraron ahora, sobre la tumba misma de sus compañeros de armas, defender con su sangre, con su fortuna y con todo lo que fuera para ellos más precioso, la independencia de la patria."

”Todo se desarrolló con un orden y una disciplina que no me esperaba. Después que el gobernador de la provincia dio por terminada la ceremonia, el general Belgrano tomó la palabra y arengó al pueblo con mucha vehemencia prometiéndole el establecimiento de un gran imperio en la América meridional, gobernado por los descendientes (que todavía existen en el Cuzco) de la familia imperial de los Incas.”

Jean Adam Graaner, Las provincias del Río de la Plata en 1816 (Informe dirigido al Príncipe Bernadotte). Traducción y notas de José Luis Busaniche, Buenos Aires, 1949, pág. 65.



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Manualidades para el  9 de Julio.

Cómo era la Casa Histórica de la Independencia



Cuando hacemos mención a la casa donde se declaró la Independencia  es común nombrarla cariñosamente por su diminutivo: "Casita de Tucumán", y esto puede darnos la visión de que era una casa de pequeña dimensión, sin embargo se trataba de una casona típica de la época colonial.
Este tipo de casas tan grandes y en las inmediaciones de la plaza estaban reservadas a las familias más importantes de Tucumán,
En algunas imágenes podemos encontrarla representada con paredes de color amarillo  y las ventanas y puertas verdes, pero sus colores originales fueron blanco para las puertas y azul para las aberturas.

La Casa de la Independencia en 1868,
 antes de su casi total demolición
 ( Foto Paganelli Angel)

La Casa de Tucumán, cuya denominación correcta es Casa Histórica de la Independencia, era una edificación de estilo señorial, compuesta por tres pabellones paralelos a la calle unidos por cuatros y galerías, definiendo patios con distintas jerarquías.

En el primer pabellón se ubicaban las habitaciones de la familia y las salas de reunión; en el segundo y más importante, el dormitorio principal, la gran sala y el comedor; y, hacia el fondo, el pabellón de las “oficinas de los criados”, donde se encontraban las habitaciones de criados y esclavos, la cocina y las letrinas.

Respecto de su construcción, cuenta que estaba hecha casi exclusivamente con recursos locales. Los techos eran de tejas musleras, de esas que se fabricaban usando como molde los muslos de operarios y asentadas simplemente con barro sobre cañizo y tirantes de madera; los revoques también eran de barro y estaban blanqueados a la cal. Los pisos de los ambientes principales eran de baldosas de barro cocido y los patios, de tierra. Solo vinieron de otras latitudes las rejas, los herrajes, los vidrios y los pigmentos para las pinturas.

Desde 1812,  había sido utilizada por el Estado, primero como cuartel general del ejército y más tarde,como sede de la Aduana, las Cajas Generales y el Almacén de Guerra. Hasta que en febrero de 1816, a solo unos meses del día histórico, la Casa de los Bazán-Laguna pasó a ser la sede del Congreso de las Provincias Unidas del Río de la Plata y por esa razón  fueron necesarias una serie de reparaciones y reformas.
Casa histórica.Salón principal

La Casa Histórica de Tucumán, cuya construcción original es de fines del siglo XVIII, sufrió diversas intervenciones y demoliciones parciales.

En 1874 el gobierno de Domingo Faustino Sarmiento la compró para destinarla como sucursal del Correo y continuar así la obra de Bartolomé Mitre.

En 1904, sólo se conservó el salón donde se juró la independencia, protegido por un edificio llamado "Templete".

Recién en 1943 el gobierno del general Pedro Pablo Ramirez ordenó su reconstrucción, pero por un error se la pintó de amarillo y verde en desmedro de sus colores originales.

Los colores amarillo y verde se originaron en el óleo sobre madera que el artista Genaro Pérez realizó a finales del siglo XIX, titulado "Frente de la casa en que se reunió el Congreso de Tucumán, 1816", cuyo original se encuentra actualmente en el Museo Histórico Nacional.

Óleo de Genaro Pérez.
Un estudio histórico de 1996 determinó que debía tener los colores blanco y azul; los colores patrios aprobados por la Asamblea del Año XIII.
Documentos existentes en el Archivo Histórico de la Provincia de Tucumán dan fe que el Congreso de 1816 encargó la compra de pintura "Azul Prusia" para puertas y ventanas de la casa y de cal para blanquear los muros.
Así se recuperó ese color, que se mantiene desde entonces.
En la reparación ya no se usa cal para las paredes porque se vuela y queda en las manos de quien la toca.
La Casa Histórica de Tucumán en la actualidad

Hoy la Casa Histórica  es Monumento Nacional y sede del Museo de la Independencia; cuenta con ocho salas destinadas a exposiciones permanentes, archivos documentales y de noticias, una biblioteca y una fototeca.

Podrán leer más  acerca de la historia  de la Casa de Tucumán en este enlace:  https://casadelaindependencia.cultura.gob.ar/media/uploads/site-16/multimedia/5-historia-de-la-casa.pdf