27 jun. 2017

¿Cómo se festejó nuestra independencia en 1816? Historia de la Casa de Tucumán.

La Casa de la Independencia en 1868,
 antes de su casi total demolición
 ( Foto Paganelli Angel)

Cuando hacemos mención a la  la casa donde se declaró la Independencia  es común nombrarla por su diminutivo: "Casita de Tucumán", haciendo alusión a que era una casa de pequeña dimensión, sin embargo se trataba de una casona típica de la época colonial.
En algunas imágenes podemos encontrarla representada con paredes de color amarillo  y las ventanas y puertas verdes, pero sus colores originales fueron blanco para las puertas y azul para las aberturas.

La casa de Tucumán también llamada Casa Histórica de la Independencia se trataba de una edificación de estilo señorial, con una entrada de tipo zaguán, flanqueada por dos habitaciones, que daban a un primer patio, rodeado de habitaciones por sus cuatro costados. A continuación se hallaban tres salones principales, luego un segundo patio, para seguir un tercer grupo de dependencias, destinadas al personal de servicio.

Desde 1812,  había sido utilizada por el Estado, primero como cuartel general del ejército y más tarde,como sede de la Aduana, las Cajas Generales y el Almacén de Guerra.
Para alojar al Congreso Constituyente fueron necesarias una serie de reparaciones y reformas.

La Casa Histórica de Tucumán, cuya construcción original es de fines del siglo XVIII, sufrió diversas intervenciones y demoliciones parciales. En 1904, sólo se conservó el salón donde se juró la independencia, protegido por un edificio llamado "Templete"; y fue reconstruida en 1943.

En 1996, como resultado de los estudios realizados en el Archivo Histórico de Tucumán y en las puertas del salón se comprobó que las puertas habían sido azules en 1816 y se recuperó ese color, que se mantiene desde entonces. Es así que en las imágenes actuales pueden observarse sus puertas pintadas en azul de Prusia y no en color verde como se creía previamente.

La Casa Histórica de Tucumán en la actualidad

Hoy es Monumento Nacional y sede del Museo de la Independencia; cuenta con ocho salas destinadas a exposiciones permanentes, archivos documentales y de noticias, una biblioteca y una fototeca.

Podrán leer más  acerca de la historia  de la Casa de Tucumán en este enlace:  http://casadelaindependencia.cultura.gob.ar/museo/


Una visita  virtual a la casa de Tucumán


Un largo camino...

Pallière. L. Galera. Acuarela. 

El congresal que vino desde más lejos fue el de Cochabamba (actual Bolivia), a 1.400 km de distancia. Los de Buenos Aires viajaron alrededor de 1.200 km. La mayoría de los diputados utilizaron galeras o viajaron a caballo y tardaron entre veinte y treinta días. En esa época eran también muy habituales los viajes en carreta, que tardaban entre sesenta y ochenta días para recorrer esa distancia, con una lentitud desesperante. Muchas de las carretas habían sido fabricadas en la misma provincia de Tucumán.
Hoy, en un auto, el trayecto Buenos Aires - Tucumán lleva quince horas, aproximadamente.
Pallière León (1858) Tropa de Carretas. Acuarela


¿Cómo era la vida en la ciudad de Tucumán del 1816?

En el Tucumán en el que se cocía la Independencia vivían unas 8.000 personas aproximadamente, en casas modestas y calles de polvo. Hacia 1812, la ciudad se iluminaba con faroles de papel que se colgaban al anochecer en el frente de las casas; pero en 1813 ya habían llegado las luminarias de cristal al espacio urbano.

La decoración de las viviendas era austera y predominaban los lienzos y las imágenes religiosas. En algunas otras había retratos de algún antepasado. “En casa de Francisca Bazán de Laguna había un retrato de su yerno, Don Pedro Antonio de Zavalía y Andía, lo que era excepcional, únicamente se conocía otro retrato en la ciudad, el de José Colombres y Thames”, comenta  la historiadora Peña de Bascary.

La iluminación se conseguía con faroles de hierro y papel. Los más pudientes iluminaban con mecheros de cuatro luces alimentados con aceite de potro. El resto se las arreglaba con velas de sebo.

Los libros se consideraban un lujo. En las casas no había bibliotecas, salvo la del convento de San Francisco. Los escasos libros en las casas eran vidas de santos y devocionarios.

En las mesas se veía carne asada, guisada, charqui y locro. El arroz entraba en la categoría de novedad importada del oriente. El grano de maíz era muy requerido, también se consumía carne de paloma y perdices. El locro, la humita, la mazamorra y los pasteles de choclo eran los clásicos de la gastronomía tucumana. Por supuesto que los dulces y mermeladas se elaboraban en las casas, sobre todo con naranja y limas. Se consumía gran cantidad de tubérculos, hortalizas y frutas. Se bebía café, chocolate y mate. Para endulzar comidas y bebidas se empleaba miel de abeja y de caña y azúcar.

La plaza funcionaba como el centro social y comercial por excelencia. Todo lo que un ama de casa necesitaba lo encontraba allí, y en las escasas tiendas que había a su alrededor. Por las noches no era raro escuchar a grupos de jóvenes ofreciendo serenatas nocturnas o “andas de música”, comenta Sara Peña, en “San Miguel de Tucumán 1812, Vida cotidiana en Tiempos difíciles”.

En los bailes de damas y caballeros se danzaba al son de guitarras el pericón, el cielito y el cuando. “En las casas había diversos instrumentos musicales: arpas, violines y pianos”.

Los chicos ya jugaban con pelotas, más pequeñas que las actuales, y hechas en trapo, aunque aún no se conocía el fútbol. También jugaban a la rayuela, el balero, el trompo y el volantín.

La instrucción llegaba hasta el nivel primario y la única escuela que funcionaba era la del Convento de San Francisco a la que asistían  sólo niños.
Las mujeres casi no sabían leer ni escribir. Cuenta la historiadora Peña de Bascary que algunas niñas recibían instrucción domiciliaria: lectura, rezos, escritura y números.


¿Cómo se festejó nuestra independencia en 1816?

La ciudad de Tucumán estaba llena de flores, guirnaldas y banderas. Por la noche se armaron varias peñas y bailes de festejo. Se había esperado mucho para declarar la Independencia y la gente quería expresar su alegría.

En la casa histórica, el baile se armó en el salón principal. Allí estaba la orquesta y algunos paisanos guitarreros, porque se bailaba el minué, pero también la zamba. Entre los que mejor bailaban, se destacaba el general Belgrano que no se despegó en toda la noche de la muy bonita Dolores Helguera, la futura madre de su hija.
Pellegrini Carlos E. (1831) Minuet.

Por allí andaban las chicas más lindas de Tucumán, así que decidieron elegir a la reina de la fiesta. Se armó un jurado y salió electa Lucía Aráoz a la que llamaron "la rubia de la Patria".

El gobernador Aráoz pensó que ese baile había sido para unos pocos y que no estaba nada mal armar uno bien grande, para todo el pueblo de la ciudad. La fecha fijada fue el 25 de julio. Primero hubo un desfile militar y varios discursos, entre los que se destacó el de Belgrano que conmovió mucho a la concurrencia. Allí el general exaltó los valores de la libertad, rindió homenaje a los caídos en la lucha por la independencia y presentó en público su idea de un gran imperio del Sur, gobernado por un descendiente de los incas.

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